Elena comenzó a relatar, muy despacio, cómo fue que se les ocurrió adoptar a Jaime. Durante toda la historia, Jaime prestó mucha atención a todo lo que dijo.
Como él ya se había preparado para esto, no estaba tan alterado.
—Cuando te encontramos, no tenías nada más que este dije de jade. Todos estos años lo guardé en esta caja.
Elena abrió la pequeña caja, para mostrar un brillante dije de jade. Después de revisarlo más de cerca, Jaime pudo encontrar rastros de un rojo carmesí arremolinados dentro del dije.
Cuando él tomó el dije de jade en sus manos, una oleada de calidez envolvió su cuerpo. Era un sentimiento reconfortante, pero a la vez indescriptible.
El dije se sentía como una extensión de su propio cuerpo. Para ser más exactos, él se sentía conectado con el dije. Como si este estuviera resonando con él.
—Hijo, esto fue lo único que tus padres biológicos dejaron para ti. Ahora, lo dejo bajo tu cuidado. Nosotros no tenemos ninguna otra información de ellos —dijo Elena con sutileza.
Después de revelar la verdad, ella se sintió mucho mejor.
«Las cosas no estuvieron tan mal, como yo lo había pensado».
—Jaime, nosotros no te detendremos si quieres buscar a tus padres biológicos. Después de todo, tienes derecho a saber esto —agregó Gustavo.
—Papá, mamá, por favor tengan la seguridad de que yo no iré a ningún lado. Soy su hijo; sin importar lo que suceda, es un hecho que nunca cambiará —Jaime respondió con toda seriedad.
Después de atestiguar la sinceridad de su hijo, Gustavo mostró una sonrisa de alivio.
—Es cierto. Tú eres mi hijo. ¡Pelearé con cualquiera que diga lo contrario! —declaró Gustavo, mientras levantaba sus puños en el aire.
Si alguien se atreviera a hablar mal de Jaime frente a Gustavo, este no dudaría en tomar medidas. Después de platicar por un rato, Jaime regreso a su habitación.
Al mismo tiempo, una figura femenina emergía de la luz roja. Ella llevaba puesta ropa tradicional ancestral y tenía facciones delicadas. La mujer era tan impresionante, que en ese momento sintió, como si ella hubiera salido de una pintura.
Un sentimiento de familiaridad golpeó el corazón del joven al verla. Algo dentro de él, lo hizo sentirse atraído hacia la mujer, era como si ella fuera alguien que él reconocía.
—Mi querido hijo, aún estás con vida. ¡Es maravilloso! —Ella le regaló una sonrisa radiante.
Con voz temblorosa, Jaime le preguntó:
—¿Quién es usted?
—Estoy segura de que estás asustado, pero tienes curiosidad. No te preocupes, nunca te haría daño. Hijo, ¡yo soy tu madre biológica! Aunque lamento haberte abandonado, no tuve otra opción. Ellos eran inflexibles en cuanto a matarte.
—¿De quién está hablando? —Jaime frunció el ceño.

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