—No es necesario que me veas sorprendido. No hay nada en Jazona, que pueda mantenerse oculto para mí. Como el descendiente de la Familia Sabina, ¿estás dispuesto a ser humillado, por tan solo un expresidiario? —le preguntó Teobaldo mientras lo miraba con desdén.
Lucas suspiró y dijo:
—Es posible que no sepa esto. No sé qué es tan impresionante en Jaime, pero él se las arregla para ganar el favoritismo de la gente como Arturo, Tomás y Gonzalo. ¡Todos lo tratan con tanto respeto! Mi familia, ni siquiera se puede comparar a él.
—¡Ja, ja, ja! ¿Arturo, Tomás y Gonzalo? ¡Qué terrible poder!
Teobaldo se carcajeó, mientras una mirada de desprecio llenó sus ojos.
Lucas continuó avergonzado:
—Puede que ellos no sean nada para usted, Señor Velázquez, ¡pero nuestra familia no está a la par con la suya!
—Lucas, te estoy dando una oportunidad ahora. ¿Estás dispuesto a tomarla? —le preguntó Teobaldo, mientras entrecerraba los ojos.
—¿De qué oportunidad está usted hablando? —le preguntó Lucas pasmado.
—Puedo permitir, para tu regocijo, que te vengues de Jaime. La gente que mencionaste no se atreverá a ayudarle —le explicó Teobaldo sonriendo.
—¿En verdad? —Los ojos de Lucas brillaron, pero la esperanza en ellos disminuyó muy rápido—. ¿Por qué me está ayudando, Señor Velázquez? Dudo mucho que lo esté haciendo solo como un acto altruista.
Sus afirmaciones hicieron que Teobaldo se carcajeara.
—¡Ja, ja, ja! ¿Altruista? Nunca hago algo por el bien de los otros. Ayudándote a bajarle los humos a Jaime, también me estoy ayudando. ¿Has olvidado mi relación con Josefina?
Después un breve silencio pasmoso, Lucas exclamó emocionado:
—No te preocupes. Tú puedes instruir a mis dos guardaespaldas como quieras. Ambos son expertos. Además, si lo haces, te prometo que Jaime te cederá... —Entonces, Teobaldo susurró algo al oído de Lucas.
Después de escuchar sus palabras, Lucas sintió un frío estremecimiento descender por su columna vertebral.
—Señor Velázquez, ¿está usted seguro de que esto está bien? Con toda seguridad, Gonzalo se enfurecerá y buscará como vengarse.
—¿A qué le tienes miedo? No te estoy pidiendo que le hagas algo a Josefina. ¡Ella solo será la carnada! Además, tú me la entregarás. ¡Gonzalo no puede ponerme un dedo encima! —Teobaldo le lanzó una mirada de desprecio.
—Tiene razón —asintió Lucas—. Ya que me está apoyando, no tengo nada que temer.
—¡Vamos! Tengo confianza en ti. Una vez que este problema esté resuelto, nuestras familias unirán fuerzas y, en definitiva, ¡tu familia se volverá la más rica en Ciudad Higuera! —Teobaldo le dio unas palmadas en sus hombros.

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