—Señor Velázquez, no se preocupe. ¡Me encargaré de esto!
Lucas abrió la puerta del auto emocionado. Cuando estaba a punto de salir, Teobaldo gritó:
—¡Espera!
—¿Tiene algo más que ordenarme, Señor Velázquez? —le preguntó Lucas.
—Me quedaré en Ciudad Higuera por algunos días. Dile a esa mujer que me haga compañía, para que no me sienta tan aburrido —dijo Teobaldo, mientras señalaba a Sandra.
—Si le gusta, tómela —contestó Lucas con indiferencia. Una mujer no significaba nada para él.
Cuando salió del auto, miró a Sandra y le dijo:
—Esta es tu oportunidad. Si le sirves bien al Señor Velázquez, ¡podrás alcanzar el éxito!
Sandra se quedó sorprendida. Antes de que pudiera reaccionar, ambos guardaespaldas la sujetaron y la arrojaron dentro del auto. Entonces, ellos cerraron la puerta del auto y se fueron con Lucas.
Cuando Lucas miró su brazo vendado, un destello malintencionado brilló al cruzar por sus ojos.
—Señor Velázquez, ¿qué está tratando de hacer? —le preguntó Sandra temerosa, mientras miraba a Teobaldo en el auto.
—¿Por qué estás asustada? No te comeré. Las mujeres que pueden hacerme compañía son afortunadas. Quédate conmigo, y nadie en Ciudad Higuera se atreverá a ofenderte.
Mientras Teobaldo le hablaba, él saltó sobre Sandra.
—No…
La mujer fingió luchar por un momento, antes de sucumbir a sus insinuaciones. El auto se sacudió con violencia, mientras se escuchaban gemidos dentro.
—¿Repartirlas? ¡Oh! ¿No sería demasiado desperdicio?
Tomás pensó que era una verdadera lástima, ya que él sabía que la pastilla revitalizante era milagrosa. Después de tomar una, se sintió lleno de vida; era como si hubiera vuelto a tener veinte años.
—No será un desperdicio. Tan pronto como la gente se dé cuenta que estas pastillas son efectivas, y les hagamos publicidad, en definitiva, abriremos el mercado. También, envía a alguien para que continúe vendiendo los ingredientes en la lista que te di —le dijo Jaime.
—Está bien. Esparciré la noticia ahora mismo. El evento de lanzamiento se llevará a cabo al medio día, en el salón de mi restaurante —dijo Tomás mientras asentía.
—Está bien. Permaneceré aquí por la mañana, así que búscame, si algo sucede.
Jaime decidió quedarse cerca y ver si el evento tendría éxito y también para evitar cualquier contratiempo.
Aunque las pastillas revitalizantes podían fortalecer la constitución, aumentar la longevidad y eran de mucho beneficio para los varones, ellas no eran capaces de curar todas las enfermedades. Por eso, Jaime quería estar presente, solo en caso de que las pastillas fueran consideradas inútiles por alguna condición extraña. Si el interviniera en ese momento, es posible que el público confiara en el medicamento aún más.

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