Entrar Via

El despertar del Dragón romance Capítulo 274

En el vestíbulo ubicado en el piso superior del Restaurante del Prado, Tomás presentó todas las pastillas revitalizantes. Esas pastillas, de gran tamaño, eran todas negras y lucían desagradables.

Ninguno le prestaba atención a la efectividad del medicamento, cuando miraban el mal aspecto que tenían.

—Damas y caballeros, gracias por venir a la demostración el día de hoy. Me complace presentarles nuestras pastillas revitalizantes. Estas son…

—Oh, por favor, ¡deja a un lado las formalidades! Todos estamos muy ocupados con nuestro trabajo, así que solo di el precio. ¡Te pagaremos como corresponde! —intervino, con impaciencia, un hombre de mediana edad en un traje a cuadros.

Todos prestaron atención al hombre y admiraron su valentía por hablarle con franqueza a Tomás.

Aunque todos ellos sabían que Tomás solo estaba tratando de ganar dinero, ninguno de tenía las agallas para decírselo a la cara.

Sin embargo, Tomás no estaba molesto. En lugar de eso, él respondió con una sonrisa:

—Héctor, preparé una pastilla justo para ti. No has dormido con una mujer por mucho tiempo, ¿o sí?

Héctor, al momento, se ruborizó avergonzado.

Él solo se había atrevido a hablarle a Tomás de esa forma, porque eran amigos cercanos. Fue por eso, por lo que este último estaba consciente de sus problemas de salud.

Ya que llevó una vida de libertinaje en sus días de juventud, Héctor estaba enfrentando un problema de impotencia, a pesar de solo estar en su tercera década. Él recurrió a varios médicos y gastó mucho dinero en su tratamiento, pero ninguno fue efectivo. Por eso, poco a poco se dio por vencido y decidió enfocarse en el crecimiento de sus negocios.

No obstante, todavía se sintió avergonzado cuando Tomás expuso su secreto en público.

—¡No me tragaré esa pastilla tuya! Es negra y luce horrible. Dudo mucho que sea medicina. Si necesitas dinero, ¡solo dinos! No hay necesidad de pasar por tantas molestias.

Para Héctor, aquellas pastillas no lucían apetitosas.

—Estás equivocado, Héctor. Hoy estoy regalándoles estas pastillas. Ya que ustedes no me creen, ¡dejaré que primero las prueben! —Sonrió Tomás y caminó hacia Héctor.

—¡Este es un restaurante decente! ¡Resuelve tus necesidades en casa! —dijo Tomás, mientras negaba con la cabeza.

Al escuchar eso, Héctor salió corriendo por la puerta. Mientras lo hacía, miró sobre su hombro y le dijo a Tomás:

—¡Guarda algunas pastillas revitalizantes para mí! Tomaré todas las que te queden. ¡Puedes decir el precio, pagaré lo que me corresponda!

Al ver su cambio, algunas personas entre la multitud estuvieron tentadas a probar las pastillas.

—Deme una pastilla, Señor Lamarque. Hace poco comencé con dolores de espala y estoy preocupado de que se deban a la artritis reumatoide. ¡Vamos a ver si las pastillas pueden aliviar mi dolor! —Uno de ellos se ofreció como voluntario para probar las pastillas revitalizantes.

Sin dudarlo, Tomás le lanzó una pastilla en su dirección. Después de todo, se supone que de cualquier forma se las daría gratis.

Después de tragar la pastilla, el hombre también sintió como una calidez surgía en su cuerpo, y en solo unos segundos, su dolor de espalda despareció por completo.

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: El despertar del Dragón