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El despertar del Dragón romance Capítulo 276

Sin embargo, teniendo de frente a Franco, el mentor de Esteban, Tomás entrecerró sus ojos y le dijo sin miedo.

—No hay necesidad de que el Señor Casas venga. ¡Usted puedes venir a mí!

Desde que él consumió la pastilla de incremento, quiso probar sus habilidades.

—¿Ir hacia ti? ¿Quién eres para hablarle a mi mentor de esa forma? Si tú fueras el objetivo, no le hubiera pedido que viniera. Soy más que suficiente para aquellos como tú.

Esteban tenía una expresión de desdén. Para él, Tomás no era más que un perdedor.

—Jaime, tú has estado intimidando a la Banda del Dragón Carmesí, cuando nuestro líder no está cerca. ¿Estás preparado para morir, ahora que él ha regresado? —Félix miró a Jaime, ya que no podía esperar para ajustar cuentas con él.

—Ya no tengo miedo del líder de tu banda. Los tendré hoy a todos de rodillas, ¡rogándome por piedad! —vociferó Tomás, mientras se burlaba y le lanzaba un puñetazo a Esteban.

El resentimiento entre él y Esteban había existido desde hacía bastante tiempo, desde que él, de manera constante, fue golpeado por el último. Ya que sus habilidades aumentaron bastante, después de tomar la pastilla de incremento, ya no le tenía miedo.

—Para venir de un perdedor, eso es engreído —escupió Esteban. Entonces, él separó un poco los pies, pues planeaba usar su Habilidad Impenetrable para aguantar de frente el golpe de Tomás.

Él no estaba preocupado en lo más mínimo por el golpe porque conocía muy bien las habilidades de Tomás.

¡Bang!

Los puños de Tomás se estrellaron contra el abdomen de Esteban. Un tremendo golpe con la fuerza de una tonelada de ladrillos lo golpeó. Él salió volando hacia atrás, como si una enorme ola lo golpeara.

La sangre brotó de su boca, cuando se encontraba en pleno aire. Entonces, cayó al suelo emitiendo un ruido sordo.

El terror e incredulidad llenaron sus ojos. En su opinión, era inconcebible que las habilidades de Tomás se incrementaran con tal rapidez en solo unos días.

Al ver como Esteban salió volando de un solo golpe, Franco frunció el ceño y sus ojos brillaron con odio.

Mirando su puño, Tomás dejó escapar una risa sincera.

—Esteban, ahora conoces lo fuerte que soy. Bueno, si alguien no está conforme con la derrota, ¡venga por mí!

Los pliegues entre las cejas de Franco se hicieron más profundos, después de echarle un vistazo a Jaime.

—¿Tan joven?

Él había esperado que el tal Señor Casas fuera alguien más o menos de su edad, ya que este último era muy hábil en artes marciales y aún más porque Tomás le hablaba con mucho respeto. Por eso no podía comprender, que el hombre que había aparecido fuera tan joven.

La decepción cruzó por sus ojos. Franco quería intercambiar golpes con Jaime, pero él hizo a un lado la idea, después de conocer a este último.

Cuando Esteban vio la decepción en sus ojos, le explicó a prisa:

—Señor Yáñez, el tipo puede ser joven, pero es fuerte.

—¡Cállate! —Franco le lanzó una mirada mortal—. No creo que sean fuertes, sino que tú eres el débil. Disminuiste tu entrenamiento, haciendo que tus habilidades se deterioraran. De ahora en adelante, ya no eres mi discípulo. No puedo soportar la humillación.

«No hay forma alguna en que pueda creer que un joven en sus veinte pueda ser poderoso. Las habilidades de Esteban han retrocedido. De lo contrario, un solo golpe de Tomás, ¡no podría haberlo mandado por los aires!

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