Esteban no se atrevió a decir otra palabra. Él había gastado cientos de millones para ser el discípulo de Franco, un discípulo promedio, además. Sin vínculos fuertes con este último, podía ser abandonado con facilidad. Él no podía ser comparado con los cuatro jóvenes frente a él. Ellos eran los discípulos favoritos de Franco.
—Señor Casas, ya mandé volando de un solo golpe a Esteban. ¿Cómo es que no puedo ser rival para este tipo? —Tomás se negaba a creer que él era inferior a Conrado.
—Si no me crees, puedes tratar de pelear contra él —Jaime le enfatizó de manera casual con una sonrisa.
«No es mala idea que Tomás pruebe la derrota, o si no, él pensará que es invencible, después de tomar la pastilla de incremento. Eso no le hará bien en el futuro.
—Bien. Señor Casas, ¡mantenga sus ojos puestos en mí!
Al instante, Tomás corrió hacia Conrado y echó hacia atrás sus puños, para lanzarle un golpe. Aquella vez, él mandó un golpe pesado, con la fuerza equivalente a quinientos kilos.
Un golpe de estos causaría que el individuo que lo recibiera fuera aplastado por completo. Sin embargo, Conrado se las arregló para esquivar el golpe y volver a aparecer a su lado.
Los ojos de Tomás se abrieron sorprendido. Con un rápido movimiento, él se dio la vuelta y envió otro golpe hacia Conrado.
Con desprecio, Conrado levantó su pierna y propinó una patada en el diafragma de Tomás, haciendo que retrocediera algunos pasos tambaleándose.
Mientras el terror se apoderaba de Tomás, Conrado no mostró ninguna intención de detenerse. Como Tomás trataba de recuperar el equilibrio, él aprovechó la oportunidad para golpear con sus puños la sien de su oponente.
Tomás aún estaba volviéndose atrás de manera incontrolable. Aun cuando vio el golpe de Conrado venir hacia él, era demasiado tarde, no pudo levantar los brazos lo suficiente rápido para defenderse.
La expresión de Jaime se endureció, y una mirada asesina cruzó por sus ojos. El intercambio de golpes que se requirieron para determinar al ganador fue poco, sin embargo, Conrado estaba planeando matar a Tomás, sin mencionar que trataba de hacerlo justo frente a él. No había forma en que Jaime se quedara de brazos cruzados y permitiera que esto sucediera.
¡Fiu!
Con solo un chasquido de su dedo, el botón de su camisa salió disparado hacia Conrado como una bala.
A Conrado casi se le sale el corazón por la boca, cuando escuchó el sonido de algo cortando el aire muy cerca de su oreja. De inmediato, dio un paso atrás. Aunque con éxito esquivó el botón, Tomás aprovechó la oportunidad al ver el espacio abierto y se escapó.
Tomás tragó saliva ante la brutal escena. Su arrogancia de antes se había ido y fue remplazada por una mirada demacrada, mientras permanecía detrás de Jaime.
—¡Conrado!
Franco corrió hacia Conrado con una mirada de dolor en su rostro, cuando vio a su discípulo muerto.
—¡Cómo te atreves a matar a mi discípulo! ¡Te cortaré en mil pedazos! —escupió entre dientes el anciano y miró a Jaime lleno de ira y odio.
—Así que solo su discípulo puede matar a mi hombre, ¿pero no al contrario? Es demasiado autoritario —se burló Jaime, ignorando la amenaza de Franco.
—Malcriado, tienes el derecho de ser arrogante, ya que has alcanzado el pináculo de la Energía Interna siendo tan joven. Pero, presta atención a mis palabras, la arrogancia te traerá problemas. Debes saber que hay mucha gente en este mundo, así que siempre hay alguien mejor y más fuerte que tú. Ya que eres talentoso en las artes marciales, conviértete en mi discípulo y dejaré el asunto de que hayas matado a mi discípulo…
—Por favor. Primero, véase al espejo. Usted no merece ser mi mentor —interrumpió Jaime a Franco antes de que este último terminara de hablar.

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