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El despertar del Dragón romance Capítulo 278

Franco se quedó perplejo ante su rechazo. Después de todo, un sinnúmero de personas deseaban ser sus discípulos. Algunos, incluso, estaban dispuestos a gastar cientos de millones, pero él no aceptó sus ofertas. Jaime, sin embargo, solo mostró desdén en respuesta a su invitación.

La expresión del hombre mayor se oscureció:

—Malcriado, te di una oportunidad, pero no la aceptaste. ¡Has cavado tu propia tumba! ¡Mátenlo! —gritó.

Sus tres discípulos restantes, al momento, se levantaron y rodearon a Jaime. Tomás, por otro lado, huyó, pero no lo hizo por miedo a morir, sino, porque él sabía que no le sería de ayuda a Jaime, así que no quería ser una carga.

Mientras revisaba a los hombres a su alrededor, su mirada era inexpresiva. Ellos no le preocupaban en lo más mínimo.

—Si estás tan ansioso de perder a más discípulos, ¡me dará gusto concederte ese deseo!

Tan pronto como dijo esto, empujó la palma de su mano hacia el exterior con tranquilidad. El movimiento podría verse gentil, pero era poderoso. Olas de Energía Espiritual fluyeron del interior de su cuerpo.

¡Bum!

Una onda se formó en el aire, como si una roca hubiera caído en un lago. El miedo inundó los ojos de los discípulos de Franco. Sus cuerpos fueron lanzados hacia atrás, antes de que siquiera pudieran arreglárselas para decir una sola palabra.

Al contrario de Conrado, ellos no se retorcieron, porque quedaron inmóviles, justo después de tocar el suelo.

—Esto…

Franco palideció, conmocionado por el giro que dieron los acontecimientos.

Esteban, quien estaba oculto a un lado, comenzó a temblar de miedo. Él se arrepintió de haber venido para vengarse de Jaime.

—¿Fue ese el pináculo de la Energía Interna de la que hablaste antes? —preguntó Jaime, mientras le lanzaba a Franco miradas burlonas.

Una expresión extraña dominó el rostro de este último, y su corazón comenzó a acelerarse.

Nunca, en sus sueños más irracionales, esperó que alguien tan joven como Jaime alcanzara el nivel de Gran Maestro. Él no tuvo a nadie que culpar, más que a su mal juicio.

—Tú, en realidad, eres fuerte. Hoy admitiré mi derrota, pero, ¡no te perdonaré por haberlos matado!

Franco se levantó para marcharse, dejando atrás los cuerpos de sus discípulos. Al ver esto, Esteban lo siguió con rapidez.

¡Zas! ¡Zas! ¡Zas!

Jaime solo se quedó en su lugar, y dejó que Franco le lanzara golpes.

Después de tres de estos, el brazo de Franco estaba tan entumecido, que ya no pudo cerrar su puño. Sin embargo, Jaime se veía en perfecto estado, a pesar de los violentos puñetazos. De hecho, el joven lo veía con una sonrisa en su rostro.

—¿Tú también practicaste la Habilidad Impenetrable? —La sorpresa inundó a Franco.

—¡La Habilidad Impenetrable es nada! —se burló Jaime, entonces, mandó un puñetazo hacia él.

Franco, al instante, se preparó, abriendo los pies y bajando su centro de gravedad. Su rostro estaba sonrojado por forzar su cuerpo hasta el límite.

¡Bum!

Después de un sonido estruendoso, el cuerpo de Franco se quedó quieto como una estatua.

Un júbilo inundó el interior de Esteban, al ser testigo de la escena. Después de todo, él no podía dejar el lugar a salvo en tanto Franco estuviera bien.

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