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El despertar del Dragón romance Capítulo 281

Como había pasado los últimos días con Teobaldo, Sandra sintió que su posición había mejorado. Por eso, ahora despreciaba a Lucas. Este estaba atónito. Mirando a Sandra, la maldijo desde el fondo de su corazón, sin embargo, le dio el número de Josefina.

Sandra hizo la llamada de inmediato. En ese momento, Josefina estaba sentada en el patio, se sentía aburrida e infeliz.

—Han pasado muchos días y Jaime no ha venido ni una sola vez. ¿Estará todavía molesto conmigo por lo del otro día?

Josefina estaba atrapada en un dilema. Ella quería buscar a Jaime, pero al mismo tiempo, esperaba que él viniera y la buscara primero.

En ese momento, su teléfono sonó. Josefina pensó que era Jaime, así que lo tomó feliz. Sin embargo, vio que era una llamada de un número desconocido.

—¿Hola? —contestó.

—Josefina, soy Sandra. Estoy en el número 17 de la Calle Fénix. ¡Quiero reunirme contigo, para hablar de Jaime!

Al momento en que la llamada fue contestada, Sandra dijo lo que necesitaba decir de una manera arrogante. Ella no tenía ningún respeto por Josefina.

En el pasado, Sandra nunca se habría atrevido a hablarle de esa manera a Josefina. Sin embargo, ahora que estaba con Teobaldo, Sandra se había vuelto más atrevida que antes.

—¿Qué? ¿Solo porque me dices que vaya, debo hacer lo que tú quieras? ¿Quién demonios crees que eres?

Josefina estaba furiosa por la actitud de Sandra.

—Josefina, si tienes miedo, ¡entonces no vengas!

Antes de que esta pudiera responder, Sandra terminó la llamada. Josefina estaba tan furiosa, que su rostro enrojeció.

—¿Cuál es el problema? ¡Veamos qué estás tramando!

Josefina se levantó y condujo hacia la Calle Fénix. Cuando llegó hasta ese lugar, vio que Sandra la estaba esperando. Ella salió del auto y le preguntó:

—Entonces, ¿qué es lo que quieres decirme acerca de Jaime?

—Quiero decirte que Jaime está a punto de morir! —dijo Sandra, burlándose con malicia.

En la mansión, en la cima de la Cumbre Dragón, Jaime había estado ocupado cultivando y haciendo pastillas revitalizantes.

En ese momento, su teléfono sonó. Era Gonzalo y sonaba preocupado al preguntarle:

—Jaime, ¿está Josefina contigo?

—No, no lo está. ¿Qué sucede? —Frunció el ceño Jaime.

—Malas noticias. Josefina está perdida. La llamé, pero no respondió. Tampoco está su auto en casa. ¡Ella nunca había desaparecido de esta forma! —dijo Gonzalo muy ansioso.

—¡Señor Serrano, no se preocupe! ¡Iré de inmediato para allá!

Jaime salió hacia la Residencia Serrano a toda prisa. De camino allá, llamó varias veces a Josefina, pero nadie contestó la llamada. Sintiéndose intranquilo, se apresuró a llamar a Tomás.

—Tomás, ¡quiero a cada hombre disponible, buscando a Josefina por toda la ciudad! ¡También busquen su auto! —le ordenó con frialdad.

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