Una vez dentro de la habitación, Jaime pudo vislumbrar Tomás sobre la cama, inerte; tras una breve pausa, dejó escapar un suspiro lleno de alivio, pues, aunque todo rastro de color había abandonado el rostro de aquel hombre y su respiración era agitada, Jaime advirtió de inmediato que Tomás abría los ojos al escucharlo. Tran pronto sus miradas se entrelazaron, Tomás intentó prosiguió a intentar ponerse de pie; sin embargo, antes de que pudiera lograrlo, Jaime se apresuró a detenerlo, antes de decir:
—¡Alto, debes descansar! Necesito revisar tus heridas para poder curarte. —La voz de Jaime resonó en tono gentil para intentar tranquilizarlo, al tiempo que colocaba su hermosa mano sobre cada una de las heridas.
Ante la inquietante expresión de Jaime, Tomás se apresuró a decir, afligido:
—Señor Casas, lamento que le hicieran daño a la Señorita Serrano; es verdad que debí protegerla… —Al terminar de emitir esas palabras, su voz resonó en un chirrido lleno de terror.
—No te preocupes; en realidad, tuviste que enfrentarte a un guerrero muy poderoso, así que no debes sentirte culpable. —Entonces, ante la horrible escena que se suscitaba frente a sus ojos, Jaime no pudo evitar reflexionar:
«¡Es increíble que Tomás se atreviera a pelear contra Wilfredo! De hecho, aunque haya sobrevivido al ataque, es evidente que estas heridas tardarán en sanar».
El apuesto hombre parecía absorto en sus pensamientos, antes de continuar:
«Me pregunto por qué Wilfredo decidió perdonarle la vida…».
En ese momento, Jaime se limitó a permanecer en silencio, mientras un intenso rayo de luz de Energía Espiritual iluminaba todo el lugar al colocar su hermosa mano sobre el pecho del hombre a su lado; de inmediato, Tomás notó que el dolor había desaparecido por completo, por lo que no pudo evitar mirar a Jaime, anonadado. No obstante, su semblante se cambió casi de inmediato al advertir las enormes gotas de sudor sobre aquel hermoso rostro; si bien volvía a respirar sin ningún problema, Jaime tuvo que utilizar gran parte de su propia energía vital para poder reparar los huesos de sus costillas.
Entonces, Jaime dejó escapar un enorme suspiro, exhausto, al tiempo que meditaba:
«Bueno, supongo que debo sentirme orgulloso de haberme convertido en un guerrero de Nivel Nueve; de otra manera, estoy seguro de que no hubiera sido capaz de ayudar a Tomás».
De inmediato, sostuvo un pequeño frasco entre las manos para tomar una de las pastillas condensantes en su interior, pues solo de esa manera, lograría recuperar todas sus fuerzas; tras una pequeña pausa, la voz del apuesto hombre resonó en tono tranquilo al anunciar:
—Terminé. —Al terminar de emitir esas palabras, el rostro de Jaime palideció por completo, mientras tomaba la silla a su lado para intentar descansar un poco.
Tan pronto se puso de pie, Tomás no pudo evitar sentirse aliviado al percatarse de que todas sus heridas habían sanado por completo, por lo que prosiguió a exclamar, con voz alegre, ante la increíble escena que se suscitaba ante sus ojos:
—¡Señor Casas, es usted muy gentil! ¡No sé cómo podré pagarle por toda su ayuda, pero le aseguro que no volveré a defraudarlo! —dijo el joven en un chirrido lleno de entusiasmo.
—Jaime… —Entonces, Josefina dejó escapar un enorme suspiro lleno de alivio, antes de continuar—: ¡No puedo creer que estés a salvo! —En ese momento, enorme sonrisa le iluminó el rostro, mientras tomaba la mano de Fabiola, quien permanecía en silencio a su lado; ambas mujeres habían entrado al escuchar el tumulto en la habitación de Tomás.
Al advertir su presencia, Jaime comenzó a caminar en su dirección; tan pronto se detuvo a su lado, tomó el rostro de la hermosa mujer entre sus manos, antes de decir con voz llena de ternura:
—¡Querida, lamento que tuvieras que sufrir de esa manera! ¡Prometo que no permitiré que vuelvan a hacerte daño! —Al terminar de hablar, se apresuró a rodearla entre sus brazos.
Ante ese cariñoso gesto, Josefina prosiguió a cubrirle la boca con su delicada mano, antes de añadir en tono angustiado:
—¡Tranquilo, te aseguro que me encuentro bien! —En ese momento, el rostro de la joven cambió por completo al hablar—: Querido, me preocupa Yazmín...
—Tomás me contó todo al respecto, pero te prometo que estará bien. —Su rostro se endureció por completo al hablar; en ese momento, justo cuando la joven se disponía a protestar, decidió permanecer en silencio, al tiempo recapacitaba:
«Aunque sé que Jaime cumplirá su promesa, tengo un mal presentimiento, pues creo que su vida correrá riesgo al enfrentarse a una familia tan poderosa como Los Velázquez».

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