—¡Deténganlo! —Al escuchar los gritos de Lucía, aunque un par de hombres intentó interponerse en su camino, pronto descubrieron que todos sus esfuerzos serían en vano, pues Jaime pudo deshacerse de ellos sin ningún problema al utilizar la Técnica Enfoque, que consistía en golpearlos en el pecho hasta asfixiarlos en cuestión de segundos. Después de unos segundos, la pareja pudo vislumbrar sus cuerpos yacer inertes sobre el suelo, por lo que Cristian no pudo evitar exclamar, horrorizado:
—No… no es posible; nadie había utilizado esa técnica de combate en mucho tiempo. —En ese momento, Cristian sintió cómo un escalofrío le recorría todo el cuerpo.
—¡Atrás, demonio! —exclamó Lucía en un chirrido lleno de desesperación, mientras recapacitaba:
«Ahora entiendo que Jaime no es un hombre ordinario; ni siquiera, es humano. De otra manera, es imposible que alguien pudiera ser tan poderoso…».
A pesar de su reacción, Jaime parecía no haberse inmutado, pues se limitó a indagar, con voz ecuánime:
—La chica… —El apuesto hombre posó una intensa mirada en la pareja al hablar.
Al escucharlo, la mujer parecía confundida; sin embargo, su semblante cambió de inmediato al recordar a Yazmín, por lo que se apresuró a contestar:
—¡La chica se encuentra en esa habitación! —Su voz resonó llena de angustia, mientras hacía un gesto con la mano.
—Señora Velázquez, lamento informarle que deberá llevarme hasta ese lugar; después, de todo, usted es una excelente anfitriona que me guiará dentro de su hermoso hogar. —Al terminar de emitir esas palabras, Jaime esbozó una pequeña sonrisa al mirarla.
—D… de acuerdo —respondió la temerosa mujer, quien tomó la mano de su esposo con fuerza, antes de cruzar el umbral de entrada.
Mientras subían las escaleras hasta el lugar, dónde se encontraba Yazmín, Lucía no pudo evitar reflexionar:
—¡No puedo creer que sea tan ingenuo! ¡Les dije que tendrán que asumir las consecuencias de sus actos! —Al terminar de hablar, Jaime golpeó a Cristian con todas sus fuerzas y de inmediato, su cuerpo inerte cayó al suelo.
Ante la horrible escena que se suscitaba frente a sus ojos, Lucía dejó escapar un chirrido lleno de terror, antes de decir:
—¡No puedo creer que se atreviera a matar a mi esposo! ¡Asesino! —Entonces, la mujer estalló en llanto, al tiempo que se abalanzaba contra el apuesto hombre; no obstante, pronto comenzó a sentir que el miedo le inundaba el cuerpo al advertir un intenso dolor en el cuello. Mientras luchaba para zafarse de aquellas garras, Jaime la miraba, sin mostrar ninguna emoción, mientras observaba cómo intentaba respirar.
En ese momento, Yazmín sintió un escalofrío recorrerle todo el cuerpo al vislumbrar ambos cuerpos sin vida yacer frente a ellos; sin embargo, Jaime parecía no haberse inmutado, pues se limitó a decir en tono tranquilo:
—Solo debo charlar con una persona más, pero te prometo que tan pronto termine, regresaremos a casa —explicó el apuesto hombre, con una bella sonrisa en el rostro, mientras avanzaba hacia la pequeña casa de Teobaldo.

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