Teobaldo sostenía su móvil entre las manos, mientras escuchaba música desde unos enormes auriculares, por lo que no pareció darse cuenta de que Jaime había entrado en su habitación; de pronto, Jaime arrojó el móvil al suelo y tras reconocerlo, Teobaldo intentó huir, pero cayó de inmediato, pues era imposible mover una de sus piernas.
—J… Jaime, ¡qué gusto verte! —exclamó Teobaldo, mientras enormes gotas de sudor le cubrían el rostro; justo cuando Jaime se disponía a golpearlo, vislumbró un tenue brillo sobre la cama, donde se encontraba el hermoso dije de jade. Al observarlo en silencio, Teobaldo prosiguió a meditar, triunfante:
«Al parecer, ese objeto será mi única oportunidad de escapar con vida».
Ante esa idea, el joven se apresuró a decir, con voz alegre:
—¡Ah, lo sé! ¡Es hermoso! Puedes quedártelo; de hecho, podrás llevarte cualquier cosa, pero te sugiero que lo hagas rápido, pues mis padres no tardarán en llegar… —Al terminar de emitir esas palabras, el joven prosiguió a pensar:
«Espero que mi plan haya funcionado; de otra manera, no podré vencerlo si decide permanecer aquí…».
Tan pronto tomó la hermosa alhaja entre sus manos, Jaime no puedo evitar reflexionar:
«¡Nunca me hubiera imaginado que encontraría un objeto mágico en este lugar!».
Tras una pequeña pausa, Jaime se apresuró a decir, con voz llena de sarcasmo:
—Oh, no te preocupes por tus padres; de hecho, pronto te reunirás con ellos. —Al terminar de hablar, Jaime ciñó la camisa de Teobaldo con fuerza para arrastrarlo hasta la habitación continua; tan pronto llegaron, el semblante de Teobaldo palideció por completo al vislumbrar los cuerpos sin vida de sus padres, por lo que, al percatarse de la delicada situación, no tardó en implorar:
—¡Jaime, te juro que, si me dejas ir, no volverás a verme! ¡De hecho, la enorme fortuna de la Familia Velázquez será tuya!
Tan pronto llegaron al lujoso vehículo de Jaime, Yazmín comenzó a sentir el corazón acelerársele, pues, aunque la Residencia Velázquez ardía, se sentía a salvo junto a ese hombre.
…
De camino a Arboledas, la joven posó sus hermosos ojos en el rostro de Jaime, al tiempo que pensaba:
«Estoy segura de que Jaime sería feliz a mi lado; en realidad, no entiendo por qué una mujer como Josefina lograra conquistar el corazón de alguien tan extraordinario…».
Mientras la joven pareja permanecía en silencio dentro del auto, las noticias acerca de esa noche no tardarían en llegar a oídos de todos y, en consecuencia, una sangrienta batalla se desataría pronto.

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