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El despertar del Dragón romance Capítulo 345

Ante sus palabras, el apuesto hombre se limitó a esbozar una pequeña sonrisa juguetona; de hecho, antes de que pudiera contestar, Josefina apareció y después de observarlos un poco, anunció:

—Querido, el Señor Gómez desea verte contigo; creo que me quedaré para charlar con Isabel. Después de todo, es la primera vez en mucho tiempo, que puedo abrazarla.

—De acuerdo —respondió Jaime, con voz tranquila; una vez en la mesa de Arturo, pudo vislumbrar a un hombre maduro a su lado. Al advertir su presencia, Arturo se apresuró a decir:

—¡Señor Casas, le presento al General Antonio Lamas, Jefe del Ministerio de Justicia de Cuenca Veraniega! —Arturo parecía emocionado al habar; de inmediato, las miradas de los hombres se entrelazaron, mientras permanecían en silencio. Tras una breve pausa, el anciano volvió a hablar—: El General Lamas desea hacerle unas preguntas.

Justo cuando el hombre maduro se disponía a decir algo, Jaime lo interrumpió al relatar:

—General Lamas, si deseaba arrestarme, tan dolo debió decirme. —Su voz resonó llena de sarcasmo al mirar el rostro confundido del hombre maduro; ante ese inexplicable comportamiento, el semblante de ambos hombres se llenó de confusión, por lo que Jaime se apresuró a aclarar la situación—: Me refiero a que yo soy el responsable de la masacre de la Familia Velázquez —explicó el apuesto hombre, sin mostrar ninguna emoción.

—Entonces, usted es el hombre que estuvo en Residencia Velázquez —respondió Antonio, estupefacto; de inmediato, Jaime hizo un pequeño gesto con la cabeza, en señal de respuesta. Entonces y tras lograr tranquilizarse ante la increíble escena que se suscitaba frente a sus ojos, el hombre maduro decidió continuar—: Bueno, entonces, creo que hemos terminado; ahora, solo necesita acompañarnos de vuelta a Cuenca Veraniega para contestar unas preguntas sobre la escena del crimen. —A pesar de su gentil comportamiento, Jaime se limitó a mirarlo, amenazante.

Al percatarse de la delicada situación, Arturo decidió intervenir al respecto para intentar tranquilizarlos:

Al mismo tiempo, de vuelta en la mesa de las chicas, Isabel no pudo evitar indagar en tono curioso:

—Ahora que han anunciado su compromiso, me pregunto cuánto se tardó en pedirte que te convirtieras en su esposa… —Su voz resonó, casi en un susurro.

—Dos meses —respondió la Josefina de inmediato.

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