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El despertar del Dragón romance Capítulo 5615

Finalmente, el Señor Demonio Bermellón habló lentamente, con voz cargada de tristeza.

—Ese lugar… es donde solía estar su antigua secta. En cuanto a esos amuletos, nunca he visto nada parecido, pero como ella los dejó atrás, deben tener algún propósito. Su secta… La destruí hace mucho tiempo. A estas alturas, probablemente solo sean ruinas. Por más que la busqué después, nunca volví a verla…

Las lágrimas que brotaron de sus ojos y surcaron su rostro confirmaban el profundo amor que sentía por Selene.

La relación entre un gran señor demonio y una inmortal era inusual y difícil de comprender para muchos, especialmente porque a los ojos de la mayoría, los cultivadores demoníacos no eran considerados verdaderos cultivadores.

Jaime, perplejo, dedujo que Selene había dejado la dirección y los amuletos como un mensaje codificado o una guía. Ella no se lo había revelado directamente al Señor Demonio Bermellón, esperando que él lo descubriera por sí mismo.

Sin embargo, el destino intervino de forma inesperada. El Señor Demonio Bermellón fue consumido por su sed de sangre y acabó derrotado en el Reino Etéreo, quedando solo un fragmento de su alma. Al permanecer en el Reino Etéreo, nunca pudo regresar.

¡De esta forma, el secreto codificado en el patrón permaneció oculto durante todo ese tiempo!

El secreto podría haber permanecido enterrado para siempre si Jaime no hubiera llevado al Señor Demonio Bermellón al Nivel Nueve y este, a su vez, no lo hubiera enviado a ese escondite.

—Voy a comprobar esa dirección y ver si puedo encontrar alguna pista —dijo Jaime, con calma, pero decidido.

Jaime estaba seguro de que Selene tenía una razón de peso para dejar la pista de la dirección y los amuletos. Si estos elementos desbloqueaban unas ruinas antiguas, la ganancia para él podría ser considerable. Incluso si no encontraba nada, no consideraba la exploración como una pérdida de tiempo, ya que en su situación actual carecía de recursos para seguir cultivándose.

El Señor Demonio Bermellón no se opuso, aunque sí le advirtió sobre la necesidad de ser cauteloso. Nadie podía saber el estado actual de la antigua secta de Selene: podría estar completamente abandonada y llena de peligros naturales, o tal vez sus antiguos seguidores aún la protegían, reacios a permitir la intrusión de extraños.

Con la esperanza de desenterrar cualquier indicio entre la desolación, Jaime inspeccionó meticulosamente las ruinas. Entre los pilares caídos y los muros destrozados, sintió la inmensidad del contraste: aquel lugar, antaño un venerado santuario inmortal, ahora reducido a fragmentos y al silencio.

Jaime escudriñó los alrededores, buscando cualquier cosa que pudiera servirle de pista. Fue entonces cuando, de manera inesperada, los amuletos incrustados en su cuerpo empezaron a irradiar un leve calor, como si resonaran con una fuerza invisible que emanaba de las ruinas.

Su corazón dio un brinco. Concentró sus sentidos y siguió el rastro de la sensación, que parecía provenir de lo más profundo de la devastación.

«¿Podrían estos amuletos estar conectados con algo que hay allí?».

Jaime se dirigió hacia la dirección de la resonancia, con cada paso medido, alerta y decidido.

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