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El Día que lo Dejé, Firmé con su Mayor Rival romance Capítulo 264

En la sala de espera de la planta baja.

Bianca se sentó. Ramiro, queriendo quedar bien, le sirvió una taza de la bebida de cortesía.

—Prueba este café, tiene un aroma intenso.

Bianca lo ignoró y lo miró fijamente.

—Ve al grano, tengo trabajo.

—No hay prisa, tómate algo primero.

Bianca endureció la voz.

—No quiero, y no tengo tiempo para tus juegos. Habla ya o me subo.

—Espera, Bianca —suspiró Ramiro—. Sé que me odias, pero en ese entonces yo no tenía opción.

—Claro, con el sueldo de mi mamá tenías que mantener la casa y además pagar tus vicios, pobrecito, no tenías opción —dijo Bianca con sarcasmo.

Poco después de que naciera Bianca, Ramiro se quedó sin empleo. Por orgullo no buscó otro y se la pasaba bebiendo o jugando cartas con sus amigotes.

Luego conoció a Eloísa, se divorció de Selena y jamás dio un centavo para la niña.

Y ahora venía con que «no tenía opción».

¡Qué chiste!

Ramiro se calló. Dejó el pasado y fue al asunto.

—¿Tienes tiempo estos días? Florencia quiere invitarte a comer. Me dijo que fueron compañeras de trabajo. Sería bueno que convivieran, para ir estrechando lazos. En el futuro serán hermanas, una familia.

«Una familia».

Bianca casi se ríe en su cara ante tal descaro.

En esta vida jamás sería hermana de una tipa como Florencia, hija de la amante.

Bianca sabía que Florencia mandaba a Ramiro solo para fastidiarla.

—Dile a Florencia que no me interesa ser hermana de alguien que falsifica su título y roba prometidos.

Dicho esto, Bianca clavó la mirada en Ramiro.

—Y tú, no vuelvas a buscarme. O me aseguraré de que en Grupo Sáez sepan la clase de basura que era el director Alfaro en sus tiempos.

Nunca imaginó que sus dos hijas se fijaran en el mismo hombre.

Pero pensándolo bien, por estatus, era mejor que Florencia y la familia Zúñiga se unieran.

En cuanto a Bianca... él podría buscarle un buen marido.

En Grupo Sáez había varios jóvenes solteros prometedores, lo mejorcito de la clase media.

Para Bianca serían más que suficientes.

***

Era mediodía y el sol brillaba, pero Bianca sentía frío.

Había cosas que no le importaban, pero eso no significaba que los golpes constantes no dolieran.

También tenía corazón.

En momentos así, solo quería estar sola.

No muy lejos, en un Rolls-Royce negro, Luis estaba a punto de arrancar cuando vio por el retrovisor a Bianca sentada sola en una banca afuera del edificio.

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