Básicamente, la habían dejado de lado. Esteban la pasaba por alto para comunicarse directamente con los equipos de proyectos y tecnología; cuando había nuevos pedidos, contactaba directamente a ventas y preventa sin consultarle su opinión.
Salvo por Adriana, Hugo, Benjamín y algunos veteranos que se mantenían firmes de su lado, los demás parecían distanciarse cada vez más de ella.
El celular le notificó la llegada del transporte.
El auto había llegado.
Bianca sacudió la cabeza, intentando despejar el caos de sus pensamientos.
«Olvídalo, no pienses de más. Las cosas se acomodarán solas cuando llegue el momento. Hay que ir paso a paso».
Se giró para mirar hacia atrás, pero descubrió que el vehículo no era el taxi que había pedido.
La ventanilla trasera de un Rolls-Royce bajó, y el rostro apuesto de Mariano impactó directamente en su corazón.
—Sube —le dijo Mariano con una leve sonrisa, mezcla de gentileza y ese aire dominante que lo caracterizaba.
Bianca cerró el paraguas y se acomodó en el asiento trasero. Luis, en el asiento del conductor, tuvo el buen juicio de arrancar el auto de inmediato para evitar miradas indiscretas y chismes.
—¿Cómo es que saliste tan temprano hoy? —preguntó Bianca con una sonrisa radiante, observando a Mariano. Sin embargo, notó que la expresión de él no era la mejor.
De inmediato se sintió desconcertada.
Al verla así, Mariano perdió cualquier intención de reproche. Suspiró y extendió la mano para pellizcarle suavemente la mejilla.
—¿Hoy no trajiste tu coche?
Bianca parpadeó.
—No, un vecino le dio un rayón sin querer en el estacionamiento, así que lo llevé a la agencia esta mañana para que lo pintaran.
Lo dijo con la mirada clara, sin percatarse en lo absoluto del tono amargo en las palabras del hombre.
—¿Así que prefieres pedir un taxi antes que pedirle ayuda a tu novio? —el tono de Mariano denotaba cierta resignación.
Acarició su mejilla y la atrajo hacia sus brazos.
—Sé que estás acostumbrada a ser independiente, pero a veces me encantaría que me molestaras. Bianca, me gusta sentir que me necesitas.
Hasta entonces, Bianca comprendió el motivo de su mala cara.
Se sintió un poco avergonzada y se recargó en su pecho.
—Ya estás bastante ocupado, no hace falta molestarte con pequeñeces como esta.



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Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El Día que lo Dejé, Firmé con su Mayor Rival
Me han quitado ya mas 15 desbloqueo los capítulos me da error y no se abren que esta pasando...