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El Día que lo Dejé, Firmé con su Mayor Rival romance Capítulo 447

No importaba cuánto intentara Alexis hacerse notar, Mariano no pensaba tomarlo en serio.

Porque confiaba en que Bianca jamás volvería atrás.

Cuando Bianca despertó, no sabía qué hora era, solo sentía que afuera estaba terriblemente oscuro.

—¿Despertaste? —la voz grave del hombre resonó sobre su cabeza.

Bianca se sintió apenada de inmediato.

—¿Por qué no me despertaste? ¿Es muy tarde?

Mariano sonrió.

—No es tan tarde.

Bianca miró su celular. ¡Vaya! Eran casi las diez de la noche, ¿y decía que no era tarde?

Levantó la vista hacia Luis en el asiento del conductor y dijo con mucha culpa:

—Perdón, Luis, te hice salir tardísimo del trabajo.

Luis soltó una risita.

—No pasa nada, tengo pago de horas extras por la noche. El jefe autorizó tarifa triple.

Bianca se quedó sin palabras.

Tomó su paraguas y abrió la puerta para bajar. Mariano hizo ademán de acompañarla arriba, pero Bianca le detuvo la mano.

—No hace falta que me acompañes, ya es muy tarde. Vete a casa a descansar. Buenas noches.

Quería darle un beso de despedida, pero con Luis presente le dio vergüenza.

La lluvia seguía cayendo de forma incesante; las tenues luces a ambos lados de la calle parecían fragmentadas por los hilos de agua.

Bianca había dormido en el auto y al despertar se sentía increíblemente relajada.

El peso en su corazón se había aligerado bastante.

Caminó con paso ligero hacia el complejo residencial, pero se detuvo en seco al ver una figura familiar en la entrada.

Bianca frenó en seco.

Al escuchar pasos detrás de él, Alexis se giró bruscamente.

—Bianca, seguramente escuchaste lo de Teje el Futuro. Es como si fuera un hijo nuestro, el fruto del esfuerzo de los dos. No tendrás corazón para ver cómo cae en manos de Florencia. Sé que tú tienes la solución. Ayúdame, por favor.

Efectivamente, Bianca había escuchado sobre el asunto de Teje el Futuro.

¿Quién en la industria no sabía que el gran director Zúñiga había sido despojado del poder y echado de su propia empresa por su prometida?

Cualquiera que lo escuchaba tenía que admitir que fue una jugada maestra, una estafa impecable.

Bianca lo sabía, pero lo había tomado como un simple chisme; le entró por un oído y le salió por el otro, sin siquiera fruncir el ceño.

Y ahora, Alexis le pedía que diera la cara para ayudarlo a recuperar la empresa.

«No puede ser… qué pinche descaro».

Bianca arqueó una ceja con una sonrisa fría.

—Alexis, ¿con qué derecho me pides ayuda? No tengo ni una sola acción de la empresa. ¿Por qué crees que todavía siento algo por Teje el Futuro?

Pensó que con eso Alexis se marcharía avergonzado, pero para su sorpresa, él replicó:

—Puedo darte lo que me pidas. Si logramos recuperarla, la mitad de las acciones serán tuyas, no pondré objeción.

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