Él dio otro paso adelante; la distancia entre ambos se acortó de golpe, quedando a solo un puño de separación.
Alexis miró con profunda emoción a la mujer frente a él.
Después de tanto tiempo, ella seguía haciéndole latir el corazón.
Alexis no pudo contenerse y soltó:
—Bianca, volvamos. Regresa a mi lado, por favor.
Extendió la mano queriendo tocarle el rostro, pero Bianca se la apartó de un manotazo.
Ella lo fulminó con la mirada, respirando agitada.
«¡Ridículo! ¡Es completamente ridículo!».
¿Cómo podía alguien ser tan desvergonzado?
Aunque el corazón de Bianca ya estaba en calma como agua estancada, escuchar una petición tan vil de Alexis logró enfurecerla.
De repente quiso ver hasta dónde era capaz de llegar Alexis por la empresa.
Bianca sonrió y alzó la barbilla desafiante.
—¿Esa es tu forma de pedir perdón?
Alexis se quedó helado.
Aunque le pareció extraña la actitud de Bianca, sintió más alegría que otra cosa; si ella le ponía condiciones, significaba que lo ayudaría.
Alexis apretó los labios y adoptó una postura de total sumisión.
—Sé lo imbécil que fui el último año. Te fallé.
Al terminar de hablar, como si por fin se tragara el orgullo, tiró el paraguas y se hincó sobre una rodilla frente a Bianca, sobre el piso mojado.
La lluvia nubló rápidamente su visión, empapando su cabello y sus hombros, pero él no mostró ni un rastro de duda.
Sus ojos inyectados en sangre miraron a Bianca.
En medio de la oscuridad, rugió con voz ronca:
—Bianca, vuelve conmigo, ¿sí? ¡La empresa y yo te necesitamos!
Bianca lo miró desde arriba con frialdad. Su rostro no mostraba expresión alguna, pero la ira en su pecho se iba disipando poco a poco.
Apretó el paraguas en su mano y, justo cuando iba a darse la vuelta para entrar al complejo, unos brazos surgieron de la nada y le rodearon la cintura con fuerza.
El corazón de Bianca dio un vuelco. Levantó la vista siguiendo esos brazos fuertes y firmes.
Era Mariano.
—Director Fajardo, ¿qué... qué hace usted aquí?
Mariano soltó una risa suave, como burlándose de la estupidez de la pregunta.
Separó sus delgados labios y dijo:
—Naturalmente, trayendo a mi novia a casa. Además, director Zúñiga, debo informarle que acosar a la prometida de otro es un delito.
La espalda de Alexis se derrumbó por completo. La postura de una sola rodilla se convirtió en un desplome total, cayendo con ambas rodillas al suelo.
Su rostro estaba pálido como el papel, y murmuraba:
—Imposible, imposible. ¿Cómo va a ser tu prometida? Bianca es mía, es mía...
Murmurando para sí mismo, se levantó tambaleándose.
El rostro de Mariano cambió drásticamente y protegió a Bianca detrás de él.
Pero, contra todo pronóstico, Alexis no intentó nada contra ellos; simplemente se dio la vuelta y caminó bajo la lluvia hacia su auto a lo lejos.
Bianca y Mariano cruzaron miradas, aún con el susto en el cuerpo. Ella se palmeó el pecho.
—Qué susto, pensé que me iba a golpear o algo así.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El Día que lo Dejé, Firmé con su Mayor Rival
Me han quitado ya mas 15 desbloqueo los capítulos me da error y no se abren que esta pasando...