El hecho de que hubiera devuelto los regalos de compromiso demostraba lo enojada que estaba.
Alexis no sabía cómo contentar a una mujer. En los años que llevaba con Bianca, si tenían algún problema, sin importar de quién fuera la culpa, ella siempre era la que bajaba la cabeza y se disculpaba primero. Por eso, ahora que quería contentarla, no tenía idea de cómo hacerlo.
Por primera vez, Alexis admiró a Nico. Ese tipo era un maestro para engatusar mujeres.
Apretó los labios, pensó un momento y dijo:
—Bianca, recibí los regalos que regresaste. No era necesario, es solo temporal...
—Alexis, disculpa, no sabía que estabas al teléfono, vuelvo más tarde.
Una voz femenina interrumpió desde el otro lado de la línea. Era Florencia.
Bianca soltó una risa amarga. Alexis permitía que Florencia entrara a su oficina sin tocar y que lo llamara por su nombre en la empresa. El favoritismo era evidente.
Alexis cubrió el micrófono y detuvo a Florencia:
—Ya terminé, podemos hablar ahora.
Quiso inventar una excusa para colgar, pero se dio cuenta de que Bianca ya había cortado la llamada.
«Vaya que está furiosa», pensó. Tendría que buscar un momento para pedirle consejos a Nico sobre cómo contentarla.
Florencia, al ver su expresión abatida, bromeó:
—¿Qué pasa? ¿Hablando con la novia?
Un zumbido estalló en la cabeza de Alexis; su mano, apoyada en el brazo del sillón, se cerró en un puño.
¿Florencia sabía de su relación con Bianca?
No podía ser. Le había insinuado a Verónica que no hablara de más, y también les había advertido a Norberto y a Nico en privado. Se suponía que Florencia no lo sabía. Pero nunca se sabe si a alguien se le fue la lengua.
—Jajaja, mira tu cara, solo lo dije por decir. La señora Norma dice que no tienes novia y se la pasa agobiada pensando en cómo organizarte citas a ciegas —dijo Florencia parpadeando con inocencia.
Alexis suspiró aliviado.
Bianca entendió la insinuación de su madre y se puso roja como un tomate.
—¡Mamá! Ya me voy.
Cerró la puerta de golpe. En el elevador, el rubor de su cara desapareció. Ella y Alexis, en todos esos años, nunca habían cruzado esa línea. Antes pensaba que era algo bueno, que él la respetaba. Ahora sabía que era porque él tenía a alguien más en su corazón y ella no le despertaba ningún interés.
Biblioteca de la Universidad Panamericana del Caribe.
Bianca leyó durante dos horas. Sentía los ojos cansados, así que levantó la vista para descansar y vio a un hombre acercarse con un libro técnico en las manos.
Se quedó pasmada.
El hombre también se detuvo.
—¿Qué coincidencia, no?
Mariano jaló una silla y se sentó frente a ella; sus ojos brillaban con una sonrisa.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El Día que lo Dejé, Firmé con su Mayor Rival
Me han quitado ya mas 15 desbloqueo los capítulos me da error y no se abren que esta pasando...