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El día que mi viudez se canceló romance Capítulo 342

Sabrina se quedó pasmada un buen rato. Pasó de la sorpresa, a la decepción, luego a la resignación, y al final, la idea de que Claudio era poco confiable se le clavó aún más hondo.

—Ahora entiendo por qué antes de venir, Rubén quiso platicar a solas con mi mamá —comentó, suspirando—. Seguro fue para avisarle de antemano y prepararla para todo esto.

Después de decirlo, Sabrina se sentó al borde de la cama de hospital y tomó la mano de Marisa. Mirándola con atención, añadió:

—No pensé que Rubén fuera tan detallista. Mira hasta dónde llegó para tener todo bajo control. Ni tú ni yo nos imaginamos que bajaría a recibirnos.

Marisa asintió, aprobando con una sonrisa tranquila.

—Rubén siempre ha sido una gran persona.

A veces, su carácter tan imponente podía generar cierta distancia, pero esa sensación jamás lograba ocultar el verdadero Rubén: un hombre educado, amable, con una calidez que se sentía hasta en los momentos más tensos.

Sabrina miró a Marisa, pálida en la cama, y sintió el impulso de consolarla ahora que ya entendía todo lo que había pasado.

—No te preocupes. Eres joven, tienes tiempo. Hoy en día, con la tecnología, tener hijos es mucho más sencillo de lo que crees.

Marisa, al escuchar el tono despreocupado de Sabrina, forzó una sonrisa para no preocuparla.

—De verdad estoy bien. Solo que, con tanto chisme y rumor, uno termina por sentir presión.

Sabrina le palmeó la mano, intentando animarla.

—Ya no le des vueltas. Rubén seguro ya se encargó de tranquilizar a mi mamá. Y si este chisme solo lo sabemos tú y yo, entonces no hay presión entre nosotras. Como hermanas, jamás deberíamos echarnos esa carga encima.

Marisa sonrió con dulzura y, con un tono juguetón, replicó:

—¿Ah, sí? Que tú no me metas presión está bien, pero yo sí tengo derecho a presionarte. A ver, cuéntame la verdad: ¿andas saliendo con alguien?

Sabrina soltó la mano de Marisa y fingió molestia.

—Mira nada más esta niña, ya se me puso exigente. ¿Ahora resulta que andas igual que mi mamá, queriendo casarme a la fuerza?

Marisa le guiñó un ojo, divertida.

Así que Marisa decidió cambiar la estrategia.

—Mejor dime la verdad, ¿qué hay entre tú y Claudio? ¿Ya son novios? Porque con lo que me estás diciendo, parece que andan escondiendo su relación.

Sabrina, arrinconada por el interrogatorio, alzó las manos en señal de rendición.

—Está bien, va la neta. Ayer las dos empresas hicieron una reunión, me sentí super a gusto y acabé tomando de más. No sé ni cómo, pero terminé subiéndome a su carro y… bueno, lo demás se dio solito...

Marisa frunció el entrecejo: así que no era solo trabajo, sino que habían dormido juntos aunque todavía no tenían una relación formal.

Ella, aunque siempre había sido más reservada, no tenía prejuicios sobre lo que había hecho Sabrina con Claudio. Hoy en día, cada quien buscaba lo que necesitaba y, mientras nadie saliera lastimado, no había nada que juzgar.

Solo que Marisa, un poco preocupada, se inclinó hacia Sabrina y le susurró al oído:

—¿Por lo menos se cuidaron anoche? Nosotras, como mujeres, siempre estamos en desventaja en estas cosas.

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