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El día que mi viudez se canceló romance Capítulo 369

Emiliano se puso serio de repente, miró de reojo a Marisa y habló con un tono lleno de autoridad:

—El profesor te la regala, pero no es para que te la lleves sin más. ¿No que tú también me ibas a dar ese cuadro al óleo que te estuve pidiendo por tanto tiempo?

A Marisa casi se le salían las lágrimas de la impresión al ver la pintura frente a ella.

—Profesor, ¿cómo va a comparar mi cuadro con una obra de Alan Noriega?

¿Quién era Alan? Nada menos que el artista más exitoso en las subastas de Christie’s, con cuadros que alcanzaban precios dignos de los grandes maestros del siglo XV y XVI.

Al ver que Marisa seguía negándose, el semblante de Emiliano se tornó todavía más severo.

—¿Por qué no se pueden comparar? Alan era mi amigo, tú eres mi alumna. Esta pintura me la regaló él antes de morir, y yo la intercambio por tu cuadro. ¿No es justo?

Al notar que Emiliano estaba a punto de perder la paciencia, Regina intervino de inmediato para calmar los ánimos.

—Marisa, el señor Cáceres te la da porque te aprecia. Hazle caso y acéptala, no vayas a retrasar lo que sigue.

Viendo la expresión intimidante de Emiliano, Marisa ya no se atrevió a rechazar la oferta y tomó el maletín con la pintura.

Al aceptarla, el rostro de Emiliano se relajó, aunque no pudo evitar refunfuñar:

—Si le diera este cuadro a otra persona, ya estaría brincando de la emoción. Pero tú, niña, nomás te haces del rogar y no sabes apreciar lo que tienes enfrente.

Eso sí, lo dijo con ese cariño especial que tienen los mayores.

...

Llegaron a la galería Jasmine.

La sola presencia de Emiliano causó un revuelo enorme. Como pintor de la misma generación que Alan, su influencia no era menor. Además, llevaba años alejado del ojo público, así que su aparición encendió el ánimo de todos los presentes.

Regina se quedó un poco sorprendida. Que la consolara una muchacha la dejó algo desconcertada.

Marisa entonces agregó enseguida:

—Señora, no es por otra cosa, solo me preocupaba que pensara que el señor Cáceres se comportó mal con usted delante de mí y eso la incomodara. Solo quería tranquilizarla. Pero la verdad, ese temperamento raro del profesor, solo usted puede con él. Ojalá tenga paciencia con el señor Cáceres, que ha dedicado toda su vida al arte y ha logrado cosas únicas. Si en otras cosas le falla un poco, pues así es él.

Ahí sí, Regina sonrió abiertamente y miró a Marisa con ternura.

—Ahora entiendo por qué el señor Cáceres no dudó en tomar un vuelo nocturno solo para estar en tu inauguración y hasta regalarte una pintura tan valiosa. Eres un encanto.

Marisa, con una sonrisa humilde y los ojos entrecerrados, respondió como toda una buena aprendiz:

—Señora, qué cosas dice usted.

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