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El día que mi viudez se canceló romance Capítulo 937

Al terminar la reunión, Fabiana siguió a Marisa hasta su oficina.

—Macarena dejó este lugar hecho un asco, pero vine antes para arreglarlo un poco y dejarlo exactamente como te gusta.

Marisa abrió la puerta y, al ver la decoración impecable y familiar, se sintió tan conmovida que no pudo evitar pellizcarle las mejillas a Fabiana con cariño.

—¡Fabi, de verdad eres un ángel!

Fabiana logró escabullirse de sus manos y se dejó caer en un sofá, justo frente a la salida del aire acondicionado, disfrutando de la brisa fría.

Abrazó un cojín y, aunque intentó sonar casual, la preocupación en su voz era evidente.

—¿Qué vamos a hacer con la exposición? Antes de que volvieras, intenté hablar con los peces gordos de la industria. Todos me dieron largas con excusas baratas, diciendo que todos los espacios del Centro de Arte Contemporáneo ya estaban reservados.

Marisa apoyó la barbilla en la mano, mirando el sol ardiente por la ventana. Apenas era mayo, pero el calor en Clarosol ya era sofocante.

—¿Incluso los espacios más pequeños o escondidos están apartados? —preguntó con un tono que pretendía sonar despreocupado.

Fabiana asintió, abatida.

—No hay ni un rincón libre. Pero estuve investigando y descubrí que algunas galerías pequeñísimas, casi desconocidas, lograron conseguir lugares en las esquinas. Estoy segura de que Macarena se encargó de ganarse el odio de todos, y por eso nos están bloqueando a propósito. Es un boicot descarado. Ay...

Suspiró pesadamente.

—Yo quería que diéramos un regreso triunfal, pero tal como pintan las cosas, parece casi imposible.

Marisa encendió la computadora de su escritorio y comenzó a teclear. Segundos después, sus ojos brillaron.

—¿El Centro de Arte Contemporáneo es propiedad del Grupo Olmo?

Fabiana se dio una palmada en la frente.

—¡Uy, pero qué idiota soy! ¿Cómo se me pasó investigar quiénes eran los dueños? ¡Pero si es del Grupo Olmo, entonces ya está todo resuelto!

Al ver que Fabiana ya estaba a punto de celebrar, Marisa sintió que una soga invisible se tensaba en su estómago.

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