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El día que mi viudez se canceló romance Capítulo 938

El día de la fiesta de inauguración de su nuevo apartamento, Marisa invitó a varias personas a cenar.

Miró la pantalla de su teléfono, justo en el chat con Rubén Olmo.

Le había enviado una invitación formal, y él había respondido con frialdad, excusándose con que estaba demasiado ocupado con el trabajo.

La actitud de Rubén había pasado de ignorarla por completo a responderle como si fuera una desconocida con la que tenía un trato estrictamente profesional.

Sabrina llegó cargada con un regalo para el nuevo hogar. Con una sonrisa radiante, pasó el brazo por los hombros de Marisa, pero de reojo alcanzó a leer la pantalla del celular y la fría respuesta de Rubén.

Antes de que Sabrina pudiera decir una palabra de consuelo, Marisa tomó la iniciativa y guardó el teléfono.

—Rubén dice que tiene mucho trabajo y que no podrá venir hoy. ¡Así que seremos solo nosotros!

Gonzalo León y Cristian Quiroz intercambiaron una mirada rápida. Si ellos, que tenían agendas infernales, habían logrado hacerse un espacio, resultaba increíble que Rubén realmente no se apareciera.

Pero ambos prefirieron tragarse sus pensamientos y no arruinar el ambiente diciendo nada en voz alta.

—Yo soy un desastre en la cocina —anunció Marisa con entusiasmo—, ¡pero hoy invité a una experta! ¡Démosle la bienvenida a nuestra chef estrella!

Fabiana dio un paso al frente, con un rubor en las mejillas pero sonriendo con confianza.

—Se acabó el secreto, mi verdadera identidad como maestra culinaria ha sido revelada. ¡Vamos, jefa! Acompáñeme a la cocina para que sea mi asistente. ¡Al menos podrá decir que ayudó a picar algo!

Marisa y Fabiana se dirigieron a la cocina, que tenía un diseño semiabierto. Sin embargo, el apartamento era tan inmenso que los murmullos de los invitados en la sala no llegaban hasta allí.

Gonzalo miró a Claudio, incapaz de contener el chisme.

—¿De verdad Rubén está tan tapado de trabajo? ¿Por qué no vino?

Cristian también se quejó por lo bajo.

—Ayer terminé una cirugía de madrugada y ni he dormido. Sacrifiqué mis valiosas horas de sueño para estar aquí, ¿y Rubén ni se asoma...?

Claudio puso cara de complicidad y bajó la voz.

—El señor Olmo está en su fase de 'mártir orgulloso'. Se hizo la firme promesa de no volver con Marisa, cueste lo que cueste. ¿No es obvio que no iba a venir?

Sabrina, harta de escuchar los chismorreos de los hombres, giró sobre sus talones y se fue a la cocina.

Al verla irse, los tres se miraron con malicia.

—¿Y si lo llamamos ahora mismo? —sugirió alguien.

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