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Él Eligió a Otra, Yo Elegí a Su Hermano romance Capítulo 532

Carmen no respondió nada.

Camilo alzó una ceja.

—¿Estás celosa? Si es así, dímelo. Borro los números de todas esas mujeres, ¿te parece?

Carmen no tenía hambre; después de unos pocos bocados, se sintió llena. No quería seguir perdiendo el tiempo con su vecino cansón.

—Voy a descansar. Por favor, vete.

—Me voy, pero primero dime por qué estabas llorando —preguntó Camilo—. ¿Mucho estrés en el trabajo?

Últimamente ella solo se concentraba en el trabajo y eso no estaba mal. Al menos no tenía un novio nuevo.

Carmen se cruzó de brazos.

—No creo que eso sea de tu incumbencia.

—Si no es el trabajo, ¿entonces qué? —Insistió Camilo—. Dímelo y me voy.

—¿Y si no te lo digo?

—Entonces me quedo. Al fin y al cabo, ya dormimos juntos. Ya te considero de confianza. Sé que no te vas a aprovechar de mi belleza ni de mi cuerpo mientras estoy dormido.

Carmen se molestó más y le señaló la puerta, con una sonrisa forzada.

—Lárgate.

—Qué grosera, Carmen. Te estás aprovechando de que estoy débil, ¿verdad?

—Camilo, si no te vas, no me voy a controlar y te voy a terminar pegando. Mejor busca dónde dormir. Y si no tienes donde, te pago un cuarto, ¿sí? Tengo dinero y te puedo reservar un hotel cinco estrellas por un año entero.

Camilo dudó y se hizo el tímido.

—Ay, mejor no. Pero si de verdad me tocas, lo acepto. Después de eso voy a ser tuyo, podrás hacer conmigo lo que quieras.

Con verdadera curiosidad, Carmen lo miró.

—¿Cuando Dios estaba repartiendo inteligencia, se olvidó de ti?

—Oye, puede ser. Tal vez tuve mala suerte y me perdí de eso. Soy como un animal… —dijo con dramatismo—. Estoy en época de celo, no es mi culpa. Soy una anomalía divina que no entiende lo que es la pureza, una vergüenza para nuestro padre.

Carmen no supo qué decir.

¿Cómo podía existir alguien tan descarado como Camilo?

Sabía que Gabriel era su primo y que desde niños Camilo lo molestaba. Hasta hoy no se llevaban bien. Así que su mal carácter no cambió y ahora venía a molestarla a ella.

Camilo sonrió, según él "tímidamente".

—Anda, cuéntame, ¿por qué llorabas?

Carmen aún estaba procesando esas palabras absurdas.

—Si no me lo dices —amenazó él—, uso mi arma secreta. Alguien se emborrachó, no se lavó la cara, ni los dientes, ni se bañó antes de dormir, y al día siguiente se levantó con el pelo hecho un desastre… Uy, creo que tomé una foto bien de cerca.

Carmen se le lanzó encima, lista para matarlo.

—Sí, lo prometo.

Carmen suspiró, seria.

—Lloré porque me dio alegría por Sofía. Me emocioné tanto que no pude contenerme.

Para Camilo, esa respuesta se sintió como un golpe.

—¿Otra vez Sofía? ¿La quieres tanto?

La última vez que ella lloró borracha también fue por Sofía. Camilo empezaba a pensar que su mayor rival no era un hombre, sino esa amiga suya.

—¿Y qué entiendes tú? Mi amiga está saliendo con tu amigo. ¿No puedo alegrarme por ella?

Camilo quedó atónito.

—¿Mi amigo? ¿Cuál de ellos?

—¿Quién más podría ser, si no el señor Montoya? —dijo Carmen, soltándolo y empujándolo hacia la puerta.

Camilo reaccionó, visiblemente afectado. Recordó la apuesta con Alejandro, cien mil dólares para ver quién conquistaba a su pareja primero. Aceptó el reto convencido de que la seriedad de Alejandro no podía competir con su propia pasión.

Y ahora resultaba que Alejandro había ganado.

Gritó, incrédulo:

—¿Cómo es posible que la haya conquistado tan rápido?

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