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Él Eligió a Otra, Yo Elegí a Su Hermano romance Capítulo 551

El golpe fue duro. Si Carmen le hubiera confesado lo que sentía, Camilo habría salido corriendo de la emoción desnudo por la calle.

Tardó unos segundos en procesarlo y, cuanto más lo pensaba, más seguro estaba de su mala suerte. Él, que siempre había tenido más "suerte" con las mujeres, terminaba superado por alguien tan seco e inalcanzable como Alejandro.

—¿En serio no tienes ni un poco de experiencia? —preguntó, con una mezcla de incredulidad y frustración.

Alejandro no lo negó y respondió conciso, claro, sin drama:

—Solo la acompañé como ella necesitaba.

—Eso lo entiendo —suspiró Camilo—, pero Carmen ni siquiera quiere verme. Si aparezco frente a ella, ya quedo mal. Me gustaría acompañarla como a ella le gusta, pero ¿sabes qué es lo que le gusta? Que yo no aparezca.

Abatido, suspiró.

—No entiendo. ¿En serio soy tan feo?

Alejandro respondió sin levantar la mirada:

—Entonces, no aparezcas.

—Vaya consejo... —Se quejó Camilo, con los brazos cruzados—. Olvídalo. No puedo aprender nada de ti. Ustedes son un caso aparte, así que ni tu experiencia me serviría.

Alejandro mantuvo la calma.

—Hay cosas que sí son iguales.

Camilo lo miró con curiosidad.

—Ah, ¿sí? ¿Por ejemplo?

—Si la amas de verdad, ella se va a dar cuenta —dijo Alejandro, con una serenidad que no daba lugar a discusiones.

Alejandro no podía negar lo evidente. Sofía había compartido tres años de matrimonio con Diego. Aun divorciados, seguía guardando las tarjetas que él le había regalado cuando inauguró su productora. Y cuando Diego enfermó, ella no lo ignoró: le devolvió la llamada.

Camilo no estaba del todo equivocado. Antes de su confesión, Sofía mantenía con Alejandro una distancia impecable, sin ninguna señal que delatara interés romántico.

Por eso, cuando ella empezó a permitirle los besos, las caricias... fue entonces cuando Alejandro comprendió que ella de verdad sentía algo por él.

Nunca pensó que, una vez juntos, podría relajarse. Solo iba a estar en paz el día que los dos estuvieran plenamente comprometidos. Necesitaba esa certeza, esa seguridad emocional.

Alejandro lo miró con calma.

—Hablo en serio. Estoy esperando a que Sofía también lo esté.

Camilo sonrió mientras le daba una palmada en el hombro.

—Eso está bien. Ya la tienes a tu lado, eso es una gran ventaja. No como yo, que voy a paso de tortuga... ¡y ni siquiera me atrevo a imaginar lo que sigue!

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