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Él Eligió a Otra, Yo Elegí a Su Hermano romance Capítulo 553

Sofía se puso pálida de inmediato.

—Estoy en San Rafael, voy a tomar el primer vuelo de regreso —dijo con firmeza.

—¿Qué pasa? —preguntó Carmen, alarmada.

Sofía colgó el teléfono y respiró hondo.

—Mi abuela quiere ver a mi mamá. Tengo que volver cuanto antes.

Carmen, rápida de reflejos, asintió.

—Está bien, le voy a pedir a mi asistente que cambie los boletos ahora mismo.

A lo lejos, Alejandro notó la tensión en Sofía. De inmediato se apartó de Camilo y se acercó.

—¿Qué pasó?

—Tengo que regresar. Ya están cambiando los pasajes —contestó ella mientras hacía un esfuerzo por mantenerse tranquila.

Camilo los alcanzó.

—¿Tan pronto te vas?

Sofía asintió.

Poco después, Carmen volvió luego de colgar una llamada.

—El vuelo más rápido sale dentro de dos horas.

Sofía se mordió los labios. Manuela estaba con su abuela, así que sabía que no corría peligro inmediato. Sin embargo, la angustiaba otra cosa: temía que su abuela insistiera en contactar a su padre.

Hacía años que su abuela sufría demencia senil. Cuando su madre murió, prefirieron no decírselo; en su mente, aún creía que seguía viva.

Y si llegaba a hablar con su padre... no podía salir nada bueno de eso. Sofía lo rechazaba de manera instintiva. Ojalá nunca más tuvieran contacto.

Mientras la mente le daba vueltas, sintió que alguien le tomaba la mano, tranquilizándola, haciéndola sentir segura con su fuerza.

Levantó la mirada.

—Vamos a usar el avión privado. Nos vamos de inmediato —dijo Alejandro, en tono decidido.

Sofía parpadeó, sorprendida, y luego dio un suspiro largo.

De repente, su ansiedad desapareció.

No quería enfrentarse otra vez a ese hombre, pero ya no sentía el mismo miedo.

Carmen y Camilo decidieron viajar más tarde.

Sofía y Alejandro fueron en un vuelo directo a Puerto Azul.

Ella se sentó en el sofá y bebió un sorbo de té antes de hablar.

—Ya sabes cómo es esto. La demencia no tiene cura. A veces tiene momentos de lucidez, pero últimamente habla cada vez más de tu madre. Me temo que empieza a recordar.

Sofía la miró con preocupación.

—Si le decimos la verdad, ¿será que se altera mucho?

Manuela suspiró.

—No lo sé. Pero tarde o temprano va a volver a preguntar. Y cuando tenga otro momento de claridad, va a insistir. La conozco. Si se entera de lo de tu madre, va a buscar a tu padre, estoy segura.

Sofía se molestó; no pudo ocultar su disgusto.

Manuela notó su reacción.

—Puedo entenderte —dijo con calma—. Tu padre fue un miserable. No hay razón para verlo. Pero si tu abuela se pone terca... si un día despierta de madrugada y decide llamarlo, no vamos a poder evitarlo. Prepárate, tú y Sebastián. Tarde o temprano van a encontrarse.

Sofía y su hermano se habían criado en Puerto Azul. Su padre siempre viajaba entre Nueva Castilla y su ciudad natal. Y solo aparecía unas pocas veces al año.

Nunca estuvo en los momentos importantes de sus vidas.

Cuando su madre, Paloma, fue trasladada a Nueva Castilla para trabajar en el programa espacial, ellos solían visitarla. Pero justo una de esas veces coincidieron con un lanzamiento del que ella estaba a cargo. Estaba tan ocupada que los dejó al cuidado de ese hombre que, aunque era su padre, para ellos seguía siendo casi un desconocido.

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