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Él Eligió a Otra, Yo Elegí a Su Hermano romance Capítulo 661

—Eso es fácil —dijo Carmen—: ve y pregúntale tú misma.

Sofía asintió.

—Se lo voy a decir esta noche.

—Ustedes sí que son felices. —Carmen la observó, contenta de verdad—. Desde que te divorciaste estás radiante y ahora que estás con Alejandro, pues, mejor todavía.

Sofía se rio.

—¿A ti no te dan ganas de empezar una relación?

—Pues mira… con tanta presión en el trabajo, no me caería mal un novio obediente que me atienda cuando llegue a casa. —Respondió haciendo un gesto sugerente—. Yo me consigo uno rápido.

—Tú sabes mucho.

—Tú tampoco te quedas atrás —contestó Carmen—. Y así de paso Camilo entiende que debe dejar de acosarme.

—Sí, es buena idea.

A Sofía le gustaría verlos juntos, pero solo si Carmen así lo quería; si su amiga no estaba interesada, ni todo el dinero del mundo iba a cambiar eso. Como no habían bebido demasiado, pero tampoco podían conducir, Sofía pidió un conductor y dejó a Carmen en su casa.

Sin embargo, al llegar, Alejandro no estaba. ¿No había dicho que ya estaba de regreso? Sofía lo pensó un instante y fue a la casa de al lado. Su huella estaba registrada, así que presionó el lector y la puerta se abrió. Aunque Alejandro vivía más en su casa, ese departamento siempre estaba impecable gracias al servicio de limpieza y el estilo minimalista que era tan elegante como siempre; pero, ese día, la sala estaba transformada: había decenas, quizá cientos de marcos por el sofá y el suelo.

Todas eran fotos del mar. Fue impactante. Sofía ya sabía que a Alejandro le encantaba el mar, pero nunca se imaginó algo así; si ella amara el mar compraría pinturas, pero esto era otro nivel. Se acercó y vio que solo había mar y cielo, nada más. Cambiaban las olas, la luz y las nubes, y algunas mostraban orcas saltando u otras aves sobrevolando el agua, pero no había ni una sola persona.

Tomó un marco, miró al frente y luego al reverso: había lugar, fecha y un registro del minuto exacto en que fue tomada. Varias eran del mismo sitio, pero en distintos días y horas, lo cual le pareció demasiado detallado. Sabiendo que las había tomado Alejandro, Sofía observó con más interés, como si buscara qué especies había captado, hasta que él salió del estudio.

Ella levantó la cabeza. Alejandro todavía no se había cambiado; llevaba camisa y pantalón de vestir. Estaba ocupado como siempre. Sofía lo miró de arriba abajo, satisfecha, y volvió la vista a ese océano multiplicado.

—Son muchísimas… Te gusta el mar más de lo que imaginaba.

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