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Él Eligió a Otra, Yo Elegí a Su Hermano romance Capítulo 683

Diego apretaba la camisa como si quisiera romperla, como si intentara agarrar su propio corazón. Su respiración se aceleró. Cualquiera que lo viera pensaría que estaba enfermo.

¿Desde cuándo el orgulloso, serio e intocable Diego, quien nunca se inmutaba por nada, podía mostrar un dolor así de evidente?

Era tan obvio que cualquiera podía notarlo. Diego preferiría morir antes que mostrar debilidad. Incluso, si la otra persona no era un enemigo, incluso si lo único que sentía al verlo así era un poco de compasión, para Diego eso era intolerable.

Y, aun así, su vulnerabilidad era tan visible que violaba por completo sus propias reglas. Estaba claro que intentó reprimir sus emociones, pero eran demasiado fuertes, demasiado desbordadas. Por mucho que tratara de contenerlas, ya no podía ocultarlas.

Gabriel, al verlo así, ya no pudo disfrutar de su desgracia.

—¿Qué te pasa? No estés así, das miedo.

Diego levantó la cabeza. En sus ojos había un dolor feroz y una confusión profunda; incluso hablar se le hacía difícil.

—¿Será que tengo... un problema en el corazón?

—¿Qué? —Gabriel quedó paralizado.

—Si no, ¿por qué duele tanto? —Diego apretó aún más su camisa.

Gabriel quiso tomarle la mano para ayudarlo, pero se detuvo a medio camino, porque, cuando terminó de hablar, una lágrima cayó de su ojo. Él, que, cuando creyó estar enfermo, no mostró emoción... ¿estaba llorando?

Gabriel se quedó inmóvil. ¿Tanto le dolía? Diego preguntó con desesperación:

—¿Por qué pasa esto?

Gabriel guardó silencio varios segundos antes de responder con voz grave:

Los labios de Diego temblaron, pero él no dijo nada. Gabriel aflojó un poco la mano.

—La verdad... hasta preferiría que siguieras siendo ese idiota de antes, ese desgraciado. Porque, cuando un desgraciado se enamora... el castigo es peor. Acéptalo.

Diego guardó silencio varios segundos. Luego empujó a Gabriel, echándolo hacia atrás. Su cara estaba descompuesta, como si fuera a romper toda relación con él. Gabriel lanzó la estocada final.

—Diego... tócate la cara.

Los ojos de Diego se abrieron de golpe.

—¿Sabes que estás llorando?

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