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Él Eligió a Otra, Yo Elegí a Su Hermano romance Capítulo 687

Sofía siempre estaría huyendo, mientras Diego la persiguiera. Era como una carrera injusta donde ella siempre estaba en desventaja.

¿Cómo detener ese absurdo espectáculo que solo Diego inició? Ya no podía seguir corriendo; solo podía detenerse y enfrentarlo.

—Gabriel, ¿vienes a buscar problemas? Hoy es el cumpleaños de mi amigo, ¿no entiendes que nadie los invitó? ¡Váyanse ya!

El ambiente le parecía tan tenso a Camilo que casi no podía respirar. La verdad, desde que conocía a Alejandro, pocas veces había visto una situación así. Todos allí sabían cuál era la relación entre Alejandro, Diego y Sofía.

Verlos a los tres era demasiado dramático. Nadie se sentía cómodo; si podían, lo evitaban. Y Gabriel, tan inteligente que era, ¿cómo no lo sabía? Aun así, trajo a Diego, y encima estaba de su lado. ¿Su primo estaba volviéndose loco y Gabriel no pensaba detenerlo? ¿Qué sentido tenía traer a un loco como él? No se imaginaba que su primo fuera tan idiota.

Camilo se puso de pie, listo para sacarlos, pero Alejandro dijo:

—Camilo, vayan a descansar.

Su tono era ligero, casi indiferente, pero nadie se atrevió a desobedecerlo. Los pleitos entre hermanos, por más cercanos que sean los amigos, no son asuntos en los que puedan meterse; solo los involucrados pueden resolverlos.

Además, eran gente educada; quedarse ahí solo sería para ver cómo se enfrentaban y eso sería incómodo. Y como Alejandro lo mencionó, nadie más se quedó. Carmen ya había visto antes a Diego. Él y el señor Alejandro tenían cierto parecido, incluso su complexión era similar. Por fuera no se veía mal, pero por dentro... estaba destrozado. Y notarlo tan hecho polvo le provocó una pizca de satisfacción.

Carmen sabía que ese desgraciado había destrozado a una mujer tan buena como Sofía. Después del divorcio, ella sí había mejorado: se enfocaba en su trabajo, estaba cada vez mejor, incluso con una nueva relación. Apenas empezaba a recomponerse un poco... y su exmarido venía a buscar problemas otra vez. Era detestable.

Pero, ese día todos estaban presentes, así que ella no temía nada.

Carmen acarició el hombro de Sofía para tranquilizarla, mientras miraba a Diego con una sonrisa sutil, casi burlona.

La diferencia era tan brutal que le resultaba impactante, casi doloroso de ver. Un dolor agudo apareció en los ojos de Diego. En ese momento no le importaban las burlas ni la indiferencia ni Alejandro.

Él amaba a Sofía. Decirlo en su mente le resultaba extraño y, aun así, sentía que era la pura verdad. Siempre la había sido, solo que él lo entendió demasiado tarde.

Diego ya estaba derrotado; no tenía necesidad de fingir ser fuerte. Con Alejandro ahí sí habría querido aparentar un poco, no verse tan miserable; pero ya no le quedaba fuerza para eso. Era como si, después de acabar con su orgullo, ya no pudiera volver a ser el de antes.

Él aceptaba que amaba a Sofía. La terquedad que lo llevó a negarlo antes ya había desaparecido y era otra persona por completo.

—Sofía. —Diego la miró, a la mujer que le arrebató la dignidad y lo destrozó hasta dejarlo irreconocible. En sus ojos no había odio, solo una profunda devoción que nunca antes le había mostrado—. No vas a... volver a llamarme, ¿verdad?

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