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Él Eligió a Otra, Yo Elegí a Su Hermano romance Capítulo 697

—Ya casi cumplo treinta; es hora de formar una familia y asumir responsabilidades. Además, mi hermana mayor siempre me mete en problemas —dijo Javier.

No era que de verdad temiera a su hermana, solo que, en su familia, era lo más normal del mundo un matrimonio concertado.

—¿Y Wendy? —preguntó Alejandro.

—Ella... —Javier miró a través del ventanal hacia ella, observando su cara—. Ya sabes cómo soy: siempre me han gustado las mujeres hermosas. Y Wendy es hermosa en todo sentido; tenerla cerca me pone de buen humor.

—¿No están saliendo? —preguntó Alejandro, sorprendido.

Javier lo miró como si él fuera el loco.

—¿Saliendo? ¿Cuál de tus ojos vio que yo estoy saliendo con ella?

—Los dos —respondió, con ese humor serio tan suyo.

Javier se rio, incrédulo.

—Ella es parte de una "relación que pagué". Eso no se puede llevar a ningún lado.

Alejandro lo observó y preguntó con calma:

—Si no se puede llevar a ningún lado, ¿por qué la trajiste?

—Eso... bueno, somos amigos, todos lo saben; traerla aquí no significa nada. Pero si me hablas de llevarla a eventos públicos o presentarla en mi casa ante mi papá... por favor, ni pensarlo. Es solo una modelo bonita, nada más —dijo Javier, con tono firme.

Su expresión cambió; de pronto se veía mucho más serio.

—Mantener esta relación, así como está, es mejor. Mi papá no dice nada. Pero si algún día quisiera casarme con ella, iba a pensar que perdí la cabeza.

Alejandro no respondió. Javier lo miró molesto.

—Carajo, eres demasiado serio. Hablar contigo de estas cosas es aburrido. —se quejó Javier.

Luego recordó que él empezó la conversación. Un momento... ¿Por qué demonios le estaba contando a Alejandro sus asuntos con Wendy? Qué extraño. Pero ya que estaba metido en el tema, continuó.

—Sé que no te importa mi vida, pero quiero escucharte. A fin de cuentas, tú encontraste el amor verdadero y aún estoy impactado por eso. Debe haber algo de experiencia que me puedas pasar.

Le acercó un vaso de licor. Alejandro, sin intención de arruinarle el ánimo, tomó el vaso, bebió un sorbo y dijo:

—En San Rafael, las familias poderosas son incluso más agresivas con la riqueza. Desde pequeño, tu educación se enfoca en preservar los intereses de tu clan. Las alianzas matrimoniales permiten maximizar beneficios: consolidan poder, riqueza y estatus. Para tu familia, el matrimonio es una estrategia. Pensarlo así no es reprochable.

Javier asintió satisfecho. Había recibido educación de élite toda su vida: si un matrimonio aumentaba beneficios personales o familiares, entonces era útil. El amor valía muy poco en ese sistema. Además, su papá era un hombre que tuvo hijos regados por todas partes. Javier creció rodeado de hermanos y hermanas peleando por recursos. La "supervivencia" lo educó; era experto en proteger sus intereses. Para él, el amor siempre fue algo difuso, casi inexistente.

Tenía una mujer hermosa a su lado, sí, pero nunca había estado en una relación formal. Muchas se enamoraban de él, pero jamás las consideraba. No quería lidiar con sentimientos intensos. Prefería relaciones que pudiera abandonar cuando lo deseara. Eso encajaba más con su estilo.

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