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Él Eligió a Otra, Yo Elegí a Su Hermano romance Capítulo 724

Después de escucharla, Laura bajó la guardia frente a Isabella. Pero cuando mencionaron a Esteban, al recordar cómo él la tiró al cuarto, le volvió a dar miedo; la desconfianza se le notaba en la cara.

Isabella contestó, con una sonrisa amable:

—Creo que entre ustedes hubo algún malentendido. Pero no importa, no vine a hacer que sean amigos... Tengo algunos contactos y quiero presentarte a la empresa de entretenimiento de una amiga. Si te interesa, puedo llevarte. —Luego añadió, con un destello firme en sus ojos y esa misma sonrisa—. Espero que aceptes.

Al pensar en lo que vivió la noche anterior, a Laura se le salieron las lágrimas de una. No sabía en quién confiar.

Tenía miedo, pánico, se sentía frágil y confundida... cuanto más lloraba, más mal se sentía. Pero incluso llorando, era muy terca.

—Maldita sea, ¿todavía lloras? —Esteban no se aguantaba a ese tipo de mujeres—. ¿Sabes quién es ella? Bah, aunque te lo diga tampoco entenderías. Si no fuera por Isabella, anoche ya se habrían acostado contigo, ¿sabías?

Laura se quedó quieta. Miró fijamente a Isabella, con sus grandes ojos llorosos.

—¿De verdad... fuiste tú?

Isabella volteó y miró feo a Esteban.

—¿Para qué dices esas cosas?

Esteban blanqueó los ojos, bravo porque ella actuaba muy bien.

—Si no lo digo, ¿qué tal que piense mal de ti?

Laura le creyó.

—Gracias, Isabella.

Cuando escuchó eso, Isabella se acercó y le secó las lágrimas de la cara. Laura no se quitó, así que Isabella le agarró la cara con las dos manos y le dijo con lástima:

—Laura, no llores, ¿sí?

A Esteban se le puso la piel de gallina.

—Este hotel es de Esteban, aquí estás segura. Ya no te puedes quedar en tu vieja agencia; quiero recomendarte una empresa de entretenimiento con mucho futuro. La dueña es una conocida. Solo con conocerla te va a gustar. Claro, firmar o no es tu decisión; no te voy a obligar. Ven conmigo.

Isabella dijo eso mientras le apretaba suave el hombro a Laura.

No sabía si era imaginación suya, pero aunque la mano en el hombro no pesaba, Laura sintió mucha presión.

Cuando miró hacia arriba con atención, la atraparon los ojos oscuros y lindos de Isabella. Pensó que una muchacha tan bonita no la podía estar engañando.

Esteban la miró de reojo.

—¿Qué esperabas de alguien que creció en un pueblo? Tú, desde niña, lo que escuchabas en la mesa eran cosas de finanzas y fusiones. ¿Crees que puede tener la misma visión que tú?

Que Isabella invirtiera su mesada con amigos en hoteles de cinco estrellas era algo que ya hacía cuando tenía apenas diez años. Por pura pereza, no quiso aceptar el puesto que su hermano Diego le había conseguido, pero a lo largo de los años sus inversiones, grandes y pequeñas, habían crecido mucho, tanto que necesitó un equipo financiero profesional para manejarlas.

—Da igual, lo entiendo —dijo Isabella. Luego miró a Esteban, amenazante—. Desde hoy, Laura es mi hermana. Como me tratas a mí, así la tratas a ella. ¿Quedó claro?

Esteban la miró como si fuera idiota.

—¿Eres lesbiana o qué?

—Vete. No me gustan ni los hombres ni las mujeres.

Isabella blanqueó los ojos de forma exagerada.

Hombres ya había tenido muchos. Tuvo un primer amor, en estos años pidió muchos modelos hombres, vio tantos tipos atractivos, pero al final... los hombres no le parecían gran cosa.

En cuanto a las mujeres... aunque sonara un poco exagerado, si se tratara de su ídolo, Sofía, tampoco le importaría sacrificarse un poco.

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