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Él Eligió a Otra, Yo Elegí a Su Hermano romance Capítulo 746

La jugada de Diego fue venenosa de verdad: logró vengarse por partida doble de un solo golpe.

Ella y los niños iban a quedar atados de por vida, y Alejandro también. Sofía sabía que él la amaba y que la aceptaba tal y como era, pero si se enteraba de esto, iba a sufrir mucho. Y yendo un paso más allá: incluso si Alejandro pudiera aceptarlo, ¿podría ella permitirle cargar con semejante peso sin sentir culpa?

Si lo miraba desde otra perspectiva, Alejandro tendría que criar a dos niños que todavía no nacían, hijos de la mujer que ella más detestaba. Sofía era una mujer normal. Después de haber sufrido la indiferencia y el maltrato de Diego, tenía miedo de salir lastimada otra vez; por eso ya no aguantaba una relación llena de dolor. Esperaba que, en el futuro, su vida con la persona que amara fuera solo cosa de dos, sin terceros, y sabía que no tenía un corazón tan grande como para tolerar todo aquello.

Esos dos niños le recordarían a diario que el hombre que amaba tenía hijos con otra mujer, y esa conexión no se iba a romper nunca.

Sofía viviría atormentada, sin duda; así que terminar la relación era inevitable. Aunque todavía se amaran, tenían que separarse. Era mejor sufrir una vez que toda la vida: no quería vivir los próximos años con algo atravesado en la garganta ni dejar que esos niños desgastaran su amor poco a poco. Además, esa no era la relación que ella quería.

El amor debía sanar, no hacer sufrir.

Obligar a Alejandro a hacer lo que ella misma no podía soportar sería un descaro.

“No hagas a otros lo que no quieres para ti”. Se sentiría culpable; no podría superar ese obstáculo en su conciencia y, entonces, ¿cómo iba a fingir que no pasaba nada, y convivir con Alejandro y seguir enamorados?

En una relación bonita, si de repente salía una herida imposible de curar, ¿cómo se puede hacer la vista gorda?

Durante más de medio año junto a Alejandro, Sofía había pasado de la firme decisión de no casarse a aceptar esa posibilidad poco a poco. Muchas mañanas despertaba entre los brazos de Alejandro y llegó a sentir que con él había recuperado el valor, que todavía podía volver a casarse una vez más.

Como era de esperarse, la gente cambia de opinión con el tiempo. Sofía creyó que ella y Alejandro iban camino a una vida feliz, pero no se imaginó que todo daría un giro tan brusco: no para mejorar, sino para empujarlos rápido hacia una ruptura.

¿Ruptura?

—Claro que estaría bien, ¿cómo no? Pero eso era antes del divorcio —le contestó ella—. Después de divorciarme empecé una nueva vida, encontré al amor de mi vida y no pudiste soportarlo. Viniste a joderlo todo. ¿Y todavía quieres que siga contigo? ¿Una familia de cuatro? Sigue soñando, Diego. Aunque me quede soltera toda la vida, ¡no voy a volver contigo jamás! ¡Vete al carajo!

Diego se sintió provocado cuando escuchó “amor de mi vida”.

—¿Y yo qué? ¿Qué carajos fui para ti? ¿Por qué me perseguías al principio entonces?

Sofía se levantó, apoyó las manos en la mesa y lo miró desde arriba, con una furia absoluta.

—En mi vida no me arrepiento de nada... excepto de ti. Diego, solo me arrepiento de haber estado contigo. Si todo pudiera empezar de nuevo, jamás, jamás me enamoraría de ti. Tienes razón: desde el día en que naciste, no mereces que nadie te ame. Porque siempre hieres a los que de verdad te quieren. ¡Estás loco! Solo quedas tranquilo cuando dejas llenas de heridas a todas las personas que intentan acercarse a ti y amarte.

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