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Él Eligió a Otra, Yo Elegí a Su Hermano romance Capítulo 777

Alejandro apretó los puños.

—¿De verdad estaba feliz?

El empleado, que ya se había imaginado una historia romántica perfecta en su mente, respondió con total sinceridad:

—Cuando vio las aves del paraíso, dijo que le gustaban mucho. Señor, usted conoce sus preferencias y también sabe que hoy es su cumpleaños. Podría ir en persona a felicitar a la muchacha.

Alejandro no dijo nada más y volteó para irse.

Cuando vio a Sofía sonriendo bajo los fuegos artificiales junto a Diego, perdió los estribos. En ese instante, su corazón no aguantó más.

También entendió por qué, esta vez, cuando llegó solo a Buena Vista, no preguntó por ella. En el fondo mantenía una esperanza: esperaba que ella también estuviera en la ciudad. Si hubiera sabido de antemano que no iba a venir, por instinto no habría querido enterarse de nada.

No se imaginó que ella de verdad vendría. Sofía no había olvidado su promesa, tal como él tampoco la olvidó jamás.

Después de voltear para irse, Alejandro caminó unos diez pasos, pero se detuvo de golpe y regresó al mismo lugar.

Vio a Sofía discutiendo con Diego; aun así, ella seguía sonriendo hasta que por fin lo dejó solo ahí.

Después, Alejandro la siguió en silencio, observándola y, a escondidas, tomándole ráfagas de fotos para la posteridad. Vio los mismos paisajes que ella y también fue testigo de cómo lloraba en silencio de alegría por ver a otros felices.

Ninguno de los dos faltó a la cita. Habían ido juntos a Buena Vista para pasar su cumpleaños.

Tal como dijo el empleado, Alejandro deseaba acercarse a Sofía, decirle en persona “feliz cumpleaños” y luego abrazarla para sentir ese calor familiar que tanto había extrañado día y noche. Pero… todavía no era el momento.

***

Al día siguiente, Sofía se despidió y se fue directamente. Diego la llamó para decirle que usara su avión privado, pero ella se negó. Solo pensar en compartir un vuelo tan largo en el mismo espacio con él le agotaba toda la paciencia.

No supo si Diego entendió sus palabras o si solo quiso quedar bien, pero después del rechazo no insistió más.

—Sofía, de verdad no puedo imaginarte con dos hijos.

En ese momento, Sofía se acercó a él y le tomó la cara con ambas manos.

—No es para tanto. Todo se aprende poco a poco.

Sebastián levantó la cabeza, con los ojos rojos.

—Sofía, es solo que de repente… —Se le cortó la voz, pero aun así se obligó a seguir—. Extrañé a mamá—. A Sofía se le llenaron los ojos de lágrimas al mismo tiempo que a él—. Si ella supiera que tienes hijos, ¿acaso…?

Sebastián no pudo terminar la frase. Pero Sofía entendió, por sus palabras torpes, que su hermano estaba madurando. Lo que más le importaba ya no era reclamar, sino pensar en cómo ayudarla. Ya no daba vueltas por ahí quejándose; ahora estaba intentando resolver las cosas.

Sebastián ya no era ese muchacho rebelde que siempre estaba a la defensiva. Se había vuelto más fuerte y alto; seguía creciendo. Sofía ya podía ver en él la misma seriedad que tenía Paloma cuando trabajaba.

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