—¡Fabio! —lo llamó Bruno Velasco, intentando detenerlo.
El mayordomo también se apresuró a sujetarlo: —Señor Serrano, yo lo llevo a su habitación, la señora está embarazada...
—¡Dije que te largues! —masculló Fabio, arrastrando cada sílaba con veneno.
Sin miramientos, se sacudió al mayordomo de encima y en un par de zancadas alcanzó a Vanesa.
Su mano grande y firme se cerró como una tenaza alrededor de la muñeca de ella.
La borrachera lo hacía ver aún más despiadado e irracional.
Vanesa sintió un dolor agudo que le sacó gotas de sudor frío. Se vio forzada a girar y enfrentarlo.
En los ojos de Fabio, encontró una advertencia que le heló la sangre.
—¿Qué pasa? ¿Acaso la señora Serrano quiere lavarse las manos? —se burló él, con una sonrisa cruel.
Tiró de ella sin la menor intención de aflojar su agarre.
Bajo los efectos del alcohol, prácticamente la arrastraba escaleras arriba.
Vanesa trastabilló, torciéndose el tobillo en el proceso.
Con su mano libre, se protegió el vientre instintivamente, aterrorizada de perder a su bebé.
Fabio tenía los ojos inyectados en sangre; parecía que ya nada le importaba.
Las escaleras de la Villa Esplendor eran de madera pulida y estaban cubiertas por una elegante alfombra.
Pero aun así, ser arrastrada a la fuerza era una tortura insoportable.
Mucho más para una mujer embarazada.
—¡Señor Serrano, la señora está...! —intervino el mayordomo, lleno de pánico.
Fabio ni siquiera se molestó en mirarlo.
Bruno observaba la escena con el ceño fruncido. Hizo el ademán de decir algo, pero finalmente se guardó las palabras, dio media vuelta y abandonó la casa.
El silencio en la mansión se volvió aún más denso.
Vanesa luchaba con todas sus fuerzas para mantenerse en pie, pero era inútil. Fabio la arrastró sin piedad hasta el dormitorio principal.
Quería gritar, pero el miedo se lo impedía.
Su hermano Vicente dormía en ese mismo piso.

VERIFYCAPTCHA_LABEL
Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: EL HOMBRE POR EL QUE LO DEJÉ TODO NUNCA ME AMÓ