—...
—¡Ella está embarazada! Y tú la acorralaste hasta el punto de obligarla a huir del país. ¿Ya estás contenta?
—...
—¿Cómo puedes ser tan perversa, Vanesa? Eres la señora Serrano, me chantajeaste con las acciones, y yo cumplí mi palabra. ¿Qué más quieres de mí?
Vanesa se quedó sin palabras ante los crueles reproches de Fabio, completamente aturdida por la situación.
No lograba entender cómo diablos había un registro de llamadas a Giselle en su teléfono.
El impacto la dejó muda.
Su rostro palideció aún más. Abrió la boca para defenderse, pero de su garganta no salió ningún sonido.
—Vanesa... —siseó Fabio, su voz arrastrando un tono más sombrío.
El tufo a tabaco y alcohol chocó contra su cara, provocándole unas náuseas insoportables.
Debido al embarazo, sus sentidos estaban hiperactivos.
Una profunda repulsión se apoderó de su estómago.
Vanesa quiso vomitar.
Pero la mano de Fabio volvió a aferrarse a su cuello, cortándole la respiración.
El bebé en su vientre comenzó a moverse de forma agitada, como si presintiera el peligro.
Y entonces, las palabras más aterradoras y despiadadas salieron de los labios del hombre que tenía enfrente: —Si a ella le pasa algo, te haré pagar con tu vida.
Al decir eso, la mirada de Fabio bajó hacia su abultado vientre.
La malicia en sus ojos se volvió escalofriante.
—Y en cuanto a ese bastardo que llevas dentro, haré que veas cómo muere lentamente frente a tus ojos en cuanto recupere mis acciones —escupió él, riendo con crueldad.
Vanesa quedó en estado de shock.
Lo miró con horror, sin dar crédito a lo que acababa de escuchar.
Sabía que Fabio no la amaba, pero ese niño era su propia sangre.
¿Cómo podía escupir palabras tan monstruosas?
¿Acaso las vidas humanas no valían más que basura para él?

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Los comentarios de los lectores sobre la novela: EL HOMBRE POR EL QUE LO DEJÉ TODO NUNCA ME AMÓ