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EL HOMBRE POR EL QUE LO DEJÉ TODO NUNCA ME AMÓ romance Capítulo 184

—...

—¡Ella está embarazada! Y tú la acorralaste hasta el punto de obligarla a huir del país. ¿Ya estás contenta?

—...

—¿Cómo puedes ser tan perversa, Vanesa? Eres la señora Serrano, me chantajeaste con las acciones, y yo cumplí mi palabra. ¿Qué más quieres de mí?

Vanesa se quedó sin palabras ante los crueles reproches de Fabio, completamente aturdida por la situación.

No lograba entender cómo diablos había un registro de llamadas a Giselle en su teléfono.

El impacto la dejó muda.

Su rostro palideció aún más. Abrió la boca para defenderse, pero de su garganta no salió ningún sonido.

—Vanesa... —siseó Fabio, su voz arrastrando un tono más sombrío.

El tufo a tabaco y alcohol chocó contra su cara, provocándole unas náuseas insoportables.

Debido al embarazo, sus sentidos estaban hiperactivos.

Una profunda repulsión se apoderó de su estómago.

Vanesa quiso vomitar.

Pero la mano de Fabio volvió a aferrarse a su cuello, cortándole la respiración.

El bebé en su vientre comenzó a moverse de forma agitada, como si presintiera el peligro.

Y entonces, las palabras más aterradoras y despiadadas salieron de los labios del hombre que tenía enfrente: —Si a ella le pasa algo, te haré pagar con tu vida.

Al decir eso, la mirada de Fabio bajó hacia su abultado vientre.

La malicia en sus ojos se volvió escalofriante.

—Y en cuanto a ese bastardo que llevas dentro, haré que veas cómo muere lentamente frente a tus ojos en cuanto recupere mis acciones —escupió él, riendo con crueldad.

Vanesa quedó en estado de shock.

Lo miró con horror, sin dar crédito a lo que acababa de escuchar.

Sabía que Fabio no la amaba, pero ese niño era su propia sangre.

¿Cómo podía escupir palabras tan monstruosas?

¿Acaso las vidas humanas no valían más que basura para él?

Pero en un abrir y cerrar de ojos, Fabio la agarró por las muñecas y la lanzó brutalmente contra la cama.

El impacto contra el colchón la hizo rebotar.

Antes de que pudiera reincorporarse, el peso de Fabio la aplastó, inmovilizándola por completo.

Él se apoyó sobre la cama, atrapándola en su jaula de dominación.

Aunque estaba furioso, otro tipo de instinto primitivo comenzó a apoderarse de él.

Para Fabio, esa Vanesa desafiante e indignada resultaba cien veces más estimulante que la mujer sumisa de todos los días.

Una mezcla tóxica de alcohol, ira, lujuria y descontrol le hirvió en la sangre.

Las palabras sobraban.

Cuando no había forma de comunicarse, someterla se convertía en su única válvula de escape.

—¡Fabio! ¿Qué haces? ¡Suéltame! —Vanesa se dio cuenta de sus intenciones y empezó a empujarlo con desesperación.

Pero a él no le importaban sus quejas. Inclinó la cabeza y le mordió los labios con furia.

No era un beso; era una venganza, un castigo brutal.

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