El dolor en el vientre de Vanesa se volvió aún más punzante.
Pero ella se mantuvo terca y no soltó ni un solo gemido. Presionó los dedos contra el suelo con tanta fuerza que los nudillos se le pusieron blancos.
Al escuchar el alboroto, el mayordomo corrió hacia la habitación y se topó con la desgarradora escena.
El color huyó de su rostro. Se dio cuenta al instante de que la señora Arias estaba sufriendo.
Dado el estado de gestación de Vanesa, no podían permitirse el menor percance.
De inmediato, se dirigió a Fabio: «Señor Serrano, llamaré al Doctor Cárdenas de inmediato. La señora parece sentirse muy mal, su semblante está fatal».
Fabio no pronunció palabra. Volvió a adoptar su postura habitual con una mano en el bolsillo del pantalón, observando la escena con fría indiferencia.
Sus ojos, oscurecidos por las sombras, se clavaron en Vanesa, mientras su expresión adoptaba un matiz enigmático.
El mayordomo, tras años sirviendo a la familia Serrano, sabía muy bien que la indiferencia de Fabio hacia Vanesa era solo una fachada.
Sin dudarlo un segundo, se dio la vuelta apresuradamente para contactar al Doctor Cárdenas.
Una chica del personal de servicio se acercó de inmediato: «Señora, déjeme ayudarla a volver a la cama».
Vanesa asintió levemente: «Gracias».
Incluso articular ese simple «gracias» le costó la vida.
Pero durante todo el trayecto, no le dirigió ni una sola mirada a Fabio.
Él tampoco intentó detenerlas; se limitó a observar cómo la empleada ayudaba a Vanesa a regresar al dormitorio principal.
Después de un largo rato, Fabio bajó la mirada y apretó con fuerza el puño que tenía escondido en el bolsillo.
Siete años de matrimonio. Siete años conviviendo bajo el mismo techo. No era un ignorante en cuanto a su esposa.
Sabía con absoluta certeza que Vanesa no sabía mentir.
Entonces, ¿qué demonios había pasado con esa llamada a Giselle?
¿Y qué significaban los registros de llamadas en el teléfono de Vanesa?
Todas las pruebas apuntaban hacia ella, pero la mirada de Vanesa seguía siendo tan limpia y sincera que dolía.
¿Acaso el problema radicaba en Giselle Rivas?
Los ojos de Fabio se ensombrecieron. Era la primera vez que la sombra de la duda caía sobre ella.
Sobretodo con la actitud tan agresiva que Giselle había adoptado últimamente, incluso amenazándolo con irse del país.
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