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EL HOMBRE POR EL QUE LO DEJÉ TODO NUNCA ME AMÓ romance Capítulo 227

"Además, armaste todo este escándalo con un solo propósito: obligarla a ceder. Y el hecho de que te esté buscando desesperadamente significa que ya lo hizo", continuó Vanesa con total frialdad. "Con solo darle una salida, todo volverá a estar bajo tu control".

Así que no había necesidad de alargar esto.

"Vanesa, lo que a mí me gusta es el control absoluto. No me interesa revivir cenizas", sentenció Fabio de manera directa y cruel.

Vanesa se quedó en silencio, sin ánimos de replicar.

Porque entendía perfectamente a qué se refería; era el mismo control absoluto que ejercía sobre ella.

Tan arraigado que le producía un pánico profundo, metido hasta los huesos.

No dijo más.

Pero, de repente, Fabio soltó una carcajada que la desconcertó.

"Si contesto, ¿te pondrías celosa?", preguntó, mientras tomaba la mano de Vanesa con una naturalidad pasmosa.

Con un rápido movimiento, entrelazó sus dedos con los de ella.

Vanesa bajó la vista hacia sus manos unidas y se hizo la misma pregunta en silencio.

¿Sentiría celos? ¿Se alegraría?

No.

Ya fuera porque Giselle había destruido su matrimonio.

O porque Giselle siempre sería el primer amor inolvidable de Fabio, dejándola a ella como la perdedora en esta historia.

El orgullo de mujer le impedía mostrar la menor señal de triunfo ante una situación así.

Frente a él, Vanesa se mantuvo tan terca como siempre.

"No tengo por qué ponerme celosa de nada", respondió, con un tono desprovisto de emoción.

Y para entonces, el teléfono ya había dejado de vibrar en el tablero.

Durante todo el trayecto, Fabio no contestó ni una sola vez.

Incluso, ni siquiera intentó rebatir las palabras de Vanesa.

Ella, por su parte, no lograba descifrar el caos que sentía por dentro.

Era como si cada vez que caía en la desesperación, él volviera a darle un rayo de esperanza.

Pero la ironía era que el mismo hombre que la empujaba al infierno, era también Fabio.

Curvó los dedos, en un claro gesto de rechazo.

Pero a él no le importó.

Siguieron con los dedos entrelazados.

Durante el trayecto de regreso a la casa de los Serrano, Giselle llamó dos o tres veces más.

Y él las ignoró todas.

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