"Bruno, te pido por favor que no le digas nada de esto. Quiero decírselo yo misma, no quiero que piense que te estoy usando para que abogues por mí, poniéndome en una situación peor. Ya hay demasiados malentendidos entre nosotros", pidió Giselle con una sinceridad abrumadora.
Después de un largo momento, Bruno asintió: "Está bien".
Giselle pareció respirar aliviada antes de colgar el teléfono.
En cuanto cortó la llamada, su rostro se ensombreció de una forma aterradora.
Se quedó en un silencio sepulcral, sin emitir palabra.
Mientras tanto, Bruno se quedó pensativo durante un buen rato mirando su celular, y al final, decidió llamar a Fabio de todos modos.
Fabio recibió la llamada estando en la oficina.
"¿A qué se debe que me llames a esta hora?", preguntó Fabio, echándole un vistazo a su reloj.
No era precisamente la hora de salida de la oficina.
Si Bruno tenía algo que tratar, normalmente acordaban una cita con antelación.
Rara vez lo buscaba en ese horario, a menos que hubiera una emergencia.
"¿Pasó algo?", preguntó Fabio frunciendo el ceño al notar el silencio de Bruno.
"No es eso, solo es pura curiosidad... ¿De verdad piensas dejar a Giselle sola en el extranjero?", preguntó Bruno tras una larga pausa.
Solo que se guardó los detalles que Giselle le había contado.
"Te he visto muy apegado a Vanesa últimamente. Con tanto revuelo en las noticias, ya hasta me estoy creyendo que lo de ustedes va en serio", dijo con tono casual.
Con lo astuto que era Fabio, no tardó ni un segundo en adivinar el trasfondo de las palabras de su amigo.
"¿Te llamó ella, verdad?", fue directo al grano.
Bruno no lo negó ni lo confirmó: "Me parece muy injusto que ella esté sola embarazada en otro país. Además, sabes que su salud no es de las mejores y necesita que alguien la cuide. Al fin y al cabo, una mujer embarazada siempre va a necesitar al hombre que ama a su lado, ¿no crees?".

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