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EL HOMBRE POR EL QUE LO DEJÉ TODO NUNCA ME AMÓ romance Capítulo 304

Además, si nacía prematuro, el riesgo de muerte era casi absoluto.

Vanesa no podía darse el lujo de jugar con la vida de su hijo. Ninguna madre usaría a su bebé como moneda de cambio. Y Fabio se aprovechaba de ese instinto para acorralarla sin piedad.

Pero la amenaza no terminaba con su embarazo; también usaba a Vicente.

Debido al escándalo con Giselle, Vicente seguía internado, ajeno al infierno que se había desatado en el exterior. Si su hermano llegaba a enterarse de la situación, Vanesa no quería ni imaginar las consecuencias fatales que tendría en su frágil estado de salud.

Cada uno de esos problemas era una roca gigantesca aplastándole el pecho, dejándola sin aire.

Y Fabio no mostraba ni una pizca de misericordia. Su tono se volvió aún más gélido y despiadado.

—En cuanto a Vicente... acabar con él me resultaría más fácil que respirar. ¡Haré que veas cómo se muere lentamente frente a tus ojos!

El rostro de Vanesa perdió hasta la última gota de color.

—Después de todo, tienen a una madre y a una hermana asesina. ¡Es justo que carguen con el peso de tus pecados! —escupió Fabio antes de soltarla bruscamente.

—¡Yo no soy una asesina! —exclamó Vanesa de repente, como si las palabras hubieran roto el trance en el que se encontraba.

Era la misma frase que había repetido hasta el hartazgo frente a la policía todos los días. Y jamás iba a confesar un crimen que no cometió.

Sabía perfectamente que si aceptaba la culpa, sería el principio del fin. No estaba dispuesta a rendirse.

Por el bien de su hijo y de Vicente, tenía que resistir. Si iba a prisión, probablemente jamás saldría. Y el destino de sus dos seres queridos quedaría en manos de un monstruo.

Pero ahora estaba atrapada en un callejón sin salida, sin un solo rayo de esperanza.

—¿Que no lo eres? —Fabio soltó una carcajada irónica—.

—¿Había testigos en la escena, las cámaras lo grabaron todo, y tienes el descaro de decirme que no lo eres? —rugió, como si estuviera escuchando el chiste más absurdo del mundo.

Vanesa era solo una mujer común y corriente; no entendía nada sobre encuadres ni posiciones de cámara. Pero Giselle era actriz. Sabía exactamente cómo moverse frente a una lente para proyectar la imagen perfecta y contar la historia que ella quería.

Con las dotes histriónicas de Giselle, nadie pondría en duda la veracidad de la escena.

Todo había sido una trampa mortal de la que Vanesa no tenía cómo escapar.

—Fabio —Vanesa soltó de pronto una risa amarga.

Él frunció el ceño. Verla reír lo enfureció aún más, sintiendo que ella se burlaba de su autoridad.

—Estuvimos casados durante siete años... compartimos la vida durante todo ese tiempo. Incluso sin amor, creí que al menos existía un mínimo conocimiento mutuo —Vanesa lo miraba con una expresión llena de ironía; una burla dirigida a él, a ella misma y a ese matrimonio fallido.

—Pero me doy cuenta de que no... nunca me conociste en absoluto —pronunció cada palabra con una claridad lapidaria.

Después de eso, apretó los labios y no dijo más. Estaba exhausta en el alma.

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