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EL HOMBRE POR EL QUE LO DEJÉ TODO NUNCA ME AMÓ romance Capítulo 308

Solo que Fabio era un experto en ocultar sus verdaderas emociones.

Pero ese pequeño destello de intensidad hacia su exesposa encendió las alarmas de Giselle.

Por puro instinto, entrelazó sus dedos con los de Fabio, un gesto sutil pero letal para marcar su territorio.

Él no la soltó. Por el contrario, bajó la mirada para verla.

—Te acompañaré a la suite principal en el segundo piso. Así podrás verla. Si no te gusta cómo está decorada, la cambiamos entera —dijo con frialdad.

Esa frase no solo le otorgaba a Giselle el poder absoluto, sino que estaba diseñada para pisotear los últimos vestigios de dignidad de Vanesa.

El sufrimiento físico no se comparaba con el abuso psicológico.

Fabio quería despojar a Vanesa de su orgullo pieza por pieza, arrastrarla por el suelo y exhibirla frente a todos.

Quería verla romperse en mil pedazos. Solo entonces sentiría que había ganado.

Aunque se suponía que el conflicto era entre Vanesa y Giselle, aquello se había convertido en una retorcida guerra de poder entre él y Vanesa.

Alguien tan astuta como Giselle no tardó en darse cuenta de la dinámica.

Pero, como buena actriz, mantuvo su papel inmaculado frente a los espectadores.

—Fabio, ¿de verdad crees que esté bien que yo ocupe el segundo piso? Esa era la habitación de ustedes... —murmuró, jugando con la inseguridad en su voz.

—Si yo digo que está bien, está bien. ¿Entendido? —sentenció él con un tono autoritario y definitivo.

—Está bien —asintió Giselle, sumisa.

Fabio fijó entonces su gélida mirada en Vanesa.

—Y tú, vas a subir y empacar toda la basura que dejaste ahí. No quiero ver tus cosas —ordenó, escupiendo cada palabra como un latigazo.

Vanesa no respondió. Se limitó a quedarse de pie en silencio.

Esa actitud pasiva y silenciosa enfureció aún más a Fabio. Esta vez, caminó amenazantemente hacia ella.

Por puro instinto de supervivencia, Vanesa retrocedió un paso.

—¿Qué pasa? ¿Ahora te comieron la lengua los ratones? ¿Quién te dio permiso de ignorarme? —rugió, con los ojos inyectados en sangre.

Vanesa no tenía intenciones de entrar en una guerra que sabía que iba a perder, así que respondió de forma mecánica:

—Entendido.

Mientras más obediente se mostraba, más irritado se sentía él.

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