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EL HOMBRE POR EL QUE LO DEJÉ TODO NUNCA ME AMÓ romance Capítulo 321

“¡Qué dolor!” —quien terminó gritando fue Giselle Rivas.

“Vanesa, ¿de verdad lo hiciste a propósito? Nunca te he ofendido. Mataste a mi bebé y ahora, ¿acaso también quieres acabar conmigo?” —Giselle rompió en un llanto desgarrador.

Su piel comenzaba a enrojecerse.

Sin embargo, en comparación con el estado catastrófico de Vanesa, lo de Giselle no era digno de mención.

Pero, irónicamente, la que lloraba de forma desconsolada era Giselle.

“¿Te estás vengando de mí? ¿Te vengas porque te demandé? Vanesa, solo no quería que la gente pensara que lo hice a propósito. Solo buscaba que la policía diera un veredicto justo, para evitar que dijeran que te había tendido una trampa” —Giselle siguió hablando de su situación actual, sin importarle nada más.

Toda esa basura seguía cayendo sobre Vanesa.

“Que la policía te interrogue es parte del protocolo, no fue algo que yo pidiera. Si no querías hacerlo, nunca te obligué. Pero no puedes hacer esto, me has cortado la última salida que tenía. Soy actriz, mi piel es muy importante para mí. Las quemaduras tardan mucho en sanar”.

Incluso cuando Giselle decía todo esto, parecía que solo estaba exponiendo los hechos.

Pero la tristeza y la desolación en su voz eran absolutas.

Vanesa no tenía cómo defenderse.

Porque nadie le creería.

“Vanesa, ¿lo hiciste a propósito?” —cuestionó Fabio Serrano con un tono sombrío.

Vanesa permaneció de pie. Su piel ya estaba llena de ampollas por las quemaduras.

Pero a nadie le importaba.

La piel de su vientre ardía como el infierno, y un sudor frío le empapaba la frente.

La atención de todos estaba centrada únicamente en Giselle.

El personal de servicio ya había traído una crema para quemaduras, y Graciela Galván exigió de inmediato que viniera el doctor.

La escena se volvió un caos.

Fabio tranquilizó a Giselle, se puso de pie y caminó directamente hacia Vanesa.

Su mano agarró con fuerza la muñeca de la joven.

Justo en ese momento, reventó una de las ampollas.

A Vanesa se le escaparon las lágrimas por el dolor punzante.

Aun así, no suplicó piedad.

Giselle observó cómo Fabio arrastraba a Vanesa fuera de la habitación, sin mostrar mayor reacción emocional en todo el proceso.

Sabía mejor que nadie cómo y dónde dirigir el fuego para que ardiera poco a poco.

Paso a paso.

Sabía perfectamente que de nada serviría.

Siendo una mujer embarazada, no era rival para la fuerza de Fabio.

Sin embargo, esa actitud sumisa y retadora a la vez hizo que Fabio bajara la mano.

Soltó una risa burlona y extendió la mano para agarrarla del mentón.

Vanesa tampoco se resistió.

Era una actitud de total indiferencia, como si ya hubiera aceptado su propia ruina y no le importara nada.

Incluso la mirada con la que observaba a Fabio era abrumadoramente vacía.

Si fruncía ligeramente el ceño, era solo por el dolor físico que sentía.

No por la injusticia de su situación.

Esa Vanesa parecía haber borrado a Fabio por completo de su existencia.

Sin dejar rastro.

Como si todos los años de sentimientos hacia él hubieran desaparecido en un instante.

“¿Es esta tu forma de rebelarte contra mí?” —preguntó Fabio, con el rostro endurecido.

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