Aun en esa situación, Vanesa se arrodilló frente a Fabio.
“Te lo suplico, perdona a Don Ricardo. Todo esto es mi culpa, él no tiene nada que ver” —suplicó Vanesa con la cabeza gacha.
No lo hacía por ella, sino por Don Ricardo.
Lo que Fabio quería era precisamente que Vanesa suplicara.
Pero ver que ella estaba dispuesta a ceder por otra persona...
Y no por él.
La frustración y el disgusto volvieron a apoderarse de él.
Vanesa seguía de rodillas, pronunciando cada palabra con seriedad.
“Fui yo quien forzó a Don Ricardo a hacer esa llamada porque no tenía noticias de Vicente. Él solo accedió porque temía que mi estrés le hiciera daño al bebé”.
Vanesa lo explicó todo con claridad: “En ningún momento Don Ricardo me pasó el teléfono. Así que, en realidad, sigo sin saber nada”.
“Por lo tanto, este asunto no tiene nada que ver con él. No lo castigues”.
Vanesa terminó de decir todo esto con firmeza.
Se mantuvo arrodillada en todo momento, sin intención de levantarse.
Don Ricardo observaba con angustia, sin saber cómo intervenir para ayudarla.
“¡Lárgate!” —bramó Fabio.
Vanesa no se movió.
Sabía que esa orden iba dirigida a Don Ricardo.
Efectivamente, enseguida se escuchó la amenaza de Fabio: “Que sea la última vez que te descubro actuando por tu cuenta, o atente a las consecuencias”.
“Gracias, Señor Serrano” —respondió Don Ricardo, derramando lágrimas de gratitud.
Sin atreverse a perder un segundo más, se puso de pie y salió a toda prisa.
Solo quedaron Vanesa y Fabio en la cocina.
Al ver esto, Vanesa finalmente soltó un suspiro de alivio.
“Ya que tomaste la decisión por tu cuenta, te quedarás ahí de rodillas. No te levantes sin mi permiso” —ordenó Fabio de manera implacable.
Vanesa no respondió, solo agachó la cabeza y permaneció de rodillas en silencio.
Debido al embarazo...
Y a los maltratos constantes de las últimas semanas.
Sus rodillas casi no resistían el peso.
Pero, aun así, no se quejó.
Ya había involucrado a demasiadas personas y no quería cargar con más culpa.
En cuanto a Vicente, por la expresión que había tenido Don Ricardo, pudo deducir que, al menos por ahora, él estaba a salvo.
Para Vanesa, eso era más que suficiente.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: EL HOMBRE POR EL QUE LO DEJÉ TODO NUNCA ME AMÓ