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EL HOMBRE POR EL QUE LO DEJÉ TODO NUNCA ME AMÓ romance Capítulo 352

Aquello que Vanesa alguna vez había deseado con todo su corazón, ahora carecía de importancia.

Reprimiendo sus emociones, se sentó en silencio en el sofá junto al enorme ventanal.

Posó ambas manos sobre su vientre abultado.

Y comenzó a acariciarlo con infinita ternura.

A medida que avanzaban los meses, la bebé había crecido bastante.

Y, en comparación con sus primeros meses de constante actividad, ahora estaba mucho más tranquila.

—Mi amor, tienes que aguantar un poquito más. No salgas hasta que sea el momento perfecto, ¿me escuchas? —susurró Vanesa con una dulzura inmensa.

La bebé se movió levemente, como si quisiera responderle.

Al mismo tiempo, en el hospital.

Giselle estaba hecha una furia, arrojando todo lo que encontraba a su paso en la habitación.

Ni el doctor ni las enfermeras se atrevían a entrar.

Incluso la asistente de Giselle se mantenía a una distancia prudente en el pasillo.

Todos se miraban con nerviosismo.

Escenas como esa se habían vuelto el pan de cada día últimamente.

Cuando Fabio llegó, la habitación parecía la zona de impacto de un huracán.

Al principio, intentó calmarla con palabras suaves.

Pero lidiar con esos berrinches terminaría por agotar la paciencia de cualquiera.

Sin embargo, Fabio no dejó que su molestia se reflejara en su rostro.

Porque se trataba de Giselle.

Y su nivel de tolerancia hacia ella era infinitamente mayor.

—¿Qué pasa hoy? —preguntó Fabio, mirándola desde arriba.

Giselle ya estaba exhausta de tanto gritar y romper cosas. Esta vez, no esquivó la mirada de Fabio.

—¿Te duele algo? —insistió él, aferrándose a su paciencia.

—Fabio, ¿por qué cada vez veo más borroso? —exigió saber Giselle, clavando sus ojos en él.

Sus manos delgadas y temblorosas se aferraron a las de él con desesperación.

—Ahora mismo estás frente a mí, y tengo que forzar la vista un buen rato para poder distinguir tus facciones.

Su voz temblaba de forma evidente; era puro terror.

—Antes no me pasaba esto. Pero últimamente, está empeorando rápido.

—Le he preguntado al doctor y a las enfermeras, y todos me dicen que no pasa nada.

Si no fuera porque ella estaba armando un escándalo, dudaba mucho que él se hubiera molestado en ir a verla.

Era el sexto sentido femenino.

La intuición le gritaba que la dinámica entre Fabio y Vanesa había cambiado.

Para ser exactos, era la actitud de Fabio hacia Vanesa lo que la desconcertaba.

Con ese pensamiento en mente, Giselle apretó aún más el agarre sobre las manos de su amante.

Lo miró con una intensidad casi salvaje.

—Fabio, ¿has estado todo este tiempo acompañando a Vanesa? —preguntó en tono acusatorio.

Fabio no dijo una palabra.

Ocultó a la perfección el fastidio que le provocaba el interrogatorio.

Pero Giselle no tardó en continuar:

—No lo niegues. Sé perfectamente que has estado con ella. Desde que Vanesa salió del hospital, no volvió a la casa de la familia Serrano; se instaló en la villa de ustedes, ¿verdad?

—Fabio, tú me prometiste que no se la perdonarías después de lo que me hizo.

—¿Y ahora resulta que te da lástima?

...

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