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EL HOMBRE POR EL QUE LO DEJÉ TODO NUNCA ME AMÓ romance Capítulo 428

Fabio conocía la forma de ser de Vanesa, por lo que, al principio, siempre enviaba a Carlos Medina a investigar sus reclamos.

Sin embargo, los resultados siempre terminaban dándole la razón a la otra parte.

Con el tiempo, era lógico que Fabio empezara a hartarse de la situación.

Sentía que estaba siendo arrastrado a un juego sucio entre dos mujeres, atrapado en un drama sin fin.

Esa sensación lo llenaba de un profundo desprecio.

—¡Vanesa, deja ya de inventar conspiraciones! —le advirtió Fabio, marcando cada sílaba con dureza.

—Ya hiciste tu berrinche, ya viste las cámaras. Te he aguantado todas estas tonterías únicamente por respeto a la memoria de Paz, pero no creas que te voy a permitir que te pases de la raya —La voz de Fabio se volvía más oscura a cada segundo.

Sin darle tiempo a Vanesa de articular palabra, continuó descargando su furia.

—Además, te lo dejo muy claro: el traspaso del paquete accionario apenas se ha iniciado y los trámites legales aún no están cerrados. El divorcio no es una opción a corto plazo. Así que te vas a quedar aquí tranquilita y no vuelvas a buscarme problemas.

Las palabras de Fabio cortaban como cuchillas: —Porque si me provocas de nuevo, no respondo por lo que pueda hacer. Por ejemplo, para tranquilizarte, podría ordenar una autopsia al cadáver de la niña. O mejor aún, podría hacer que la desechen directamente en los residuos hospitalarios. Después de todo, en Jalapa y especialmente en la familia Serrano, un bebé que nace prematuro y no llega al mes de vida nunca recibe un entierro digno.

—¡Fabio, eres un...! —El rostro de Vanesa palideció de golpe y, presa del pánico, se abalanzó hacia él.

Esta vez, Fabio la detuvo en seco, atrapándole la muñeca con una fuerza aplastante.

Fue un agarre violento.

Casi al instante, marcas moradas comenzaron a florecer sobre la suave piel de su brazo.

—Vanesa, soy un hombre de palabra, así que no tientes tu suerte —prosiguió él con frialdad—. ¿Quieres las cenizas de Paz? Muy bien, entonces quédate aquí y compórtate.

Era una amenaza y, al mismo tiempo, una advertencia.

Paz era la única debilidad que le quedaba a Vanesa.

Cada una de sus palabras se clavaba como una daga en su pecho.

No podía liberarse de su agarre, ni tampoco podía luchar contra él.

Mucho menos averiguar la verdad sobre la muerte de su hija.

Los ojos de Vanesa se llenaron de lágrimas contenidas.

Carlos Medina permanecía de pie a un lado, con la mirada clavada en el suelo, sin atreverse a emitir sonido alguno.

La tensión entre marido y mujer era tan espesa que se podía cortar con un cuchillo.

—¿Entendiste? —exigió Fabio, presionándola implacablemente.

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