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EL HOMBRE POR EL QUE LO DEJÉ TODO NUNCA ME AMÓ romance Capítulo 43

Fabio bajó la mirada y, sin saber por qué, sintió una repentina irritación.

Tal vez lo había alterado el ataque de histeria de Vanesa.

—¿Qué te pasó en la cara? —notó Giselle—. ¿Te pegó? ¿Te duele?

Se levantó alarmada, dispuesta a examinarle el rostro.

Pero justo cuando la mano de Giselle iba a tocarlo, él se la apartó bruscamente.

—No es nada. Haré que te lleven a casa —dijo Fabio con frialdad.

Giselle retiró la mano, quedándose en silencio un momento.

Pero mantuvo su actitud obediente: —Está bien.

Luego agachó la cabeza y murmuró en voz muy baja: —Fabio, no debí haber venido sin avisar hoy. Si no hubiera venido, nada de esto habría pasado. Lo siento.

Con los ojos llenos de lágrimas contenidas, suspiró: —Vanesa no la está pasando bien, no seas duro con ella. Déjala en paz. Sé que no lo hizo a propósito. Además, si ya te pidió el divorcio... ¿por qué no simplemente...?

—Basta, no hables de ella —la interrumpió Fabio.

—Perdón... —Giselle pareció genuinamente asustada.

—Perdóname tú a mí, no debí hablarte así —se disculpó él.

Pero no dio ninguna señal de querer que Giselle se quedara.

Él siempre había tenido claro el objetivo de Giselle: ella quería que se divorciaran.

A decir verdad, era algo que también le parecía lógico que pasara tarde o temprano.

Pero, ahora que Vanesa lo había propuesto primero, él se negaba a aceptarlo.

Sentía que le habían arrebatado el control.

Seguro era eso; por eso estaba descargando su frustración con Giselle.

—No te preocupes, sé que estás con muchas cosas últimamente. No me acompañes, el chofer me lleva. Acuérdate de tomar la sopa que te traje —dijo Giselle, siempre comprensiva y atenta.

—De acuerdo —asintió.

Giselle se levantó despacio.

Fabio no la detuvo y dejó que el chofer la llevara a casa.

—Así es —no lo negó—. Señora, si en tres días no logra saldar la deuda de su madre, el apartamento será embargado.

Vanesa no respondió. Se quedó congelada, apretando los puños con fuerza.

Sabía que Fabio la estaba arrinconando, cerrándole todas las puertas.

Pero, ¿por qué habría de ceder?

Había elegido el camino más estúpido solo para humillarla.

—Señora, el Señor Serrano y usted llevan siete años casados. Por más enojado que esté, no la dejará en la calle. Solo tiene que suavizar su actitud y este asunto quedará en el olvido —le aconsejó el Asistente Medina.

—Lamento que haya tenido que venir hasta aquí para esto, Asistente Medina —Vanesa levantó la mirada y lo observó con frialdad.

Él suspiró, sin saber qué más decir. Asintió y se dio la vuelta para marcharse.

Vanesa entró al apartamento y se dejó caer en el sofá, completamente exhausta.

En ese preciso momento, Dante Salazar le hizo una llamada.

—¿Cómo vas con tu parte? No logramos hacer correr este programa —preguntó Dante, frunciendo el ceño, enfocado en el trabajo.

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