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EL HOMBRE POR EL QUE LO DEJÉ TODO NUNCA ME AMÓ romance Capítulo 483

Julián frunció el ceño.

Vanesa no dijo nada más. Conocía a Giselle; esa mujer solo buscaba provocarla para que Vanesa diera el primer golpe. Si lo hacía, se vería arrastrada a un pozo sin fondo de problemas. Y, sin embargo, cada vez que se cruzaba con Giselle, los nervios de Vanesa se tensaban al máximo.

No podía negar que esas palabras la habían herido en lo más profundo. Las emociones que Vanesa trataba de reprimir se hicieron más evidentes, y su respiración se volvió errática.

Julián se dio cuenta de su estado.

—No estás bien. Mejor volvamos a casa.

—No. Tengo que ver a esa chica —dijo Vanesa, aferrándose al brazo de Julián.

Julián conocía lo terca que podía ser Vanesa, así que, a pesar de sus reservas, terminó accediendo.

Poco después, Julián y Vanesa llegaron puntuales al parque. Al cabo de unos minutos, se acercó una joven vestida con jeans y una camiseta. Era muy joven, de unos veinte años.

—Señorita Arias —saludó Lucía Rojas, tomando la iniciativa.

—Hola —respondió Vanesa asintiendo levemente.

Sin embargo, al ver a Julián, la expresión de Lucía se llenó de tensión.

—Es mi amigo, no te preocupes —se apresuró a aclarar Vanesa, intentando calmarla.

Al escuchar esto, el cuerpo de Vanesa se tensó por completo. Clavó la mirada en Lucía, pero no dijo nada.

—Le supliqué que me contara qué pasaba, pero no quiso decírmelo. Solo me mostró un fragmento del video. Era una cirugía. Yo no soy doctora, no entendía nada... Pero ella no paraba de repetir que eso había sido un asesinato —continuó Lucía entre sollozos—. Dijo que a ese bebé... lo habían matado a propósito. Luego supe que hablaba de su hija, Paz.

—Pocos días después de decirme eso, tuvo el accidente. La policía dijo que fue un choque fortuito provocado por un conductor borracho, que ya está preso. Pero mi hermana... mi hermana no va a despertar nunca. Quedó en estado vegetativo. Era el orgullo de nuestra familia. Mis padres no soportaron el golpe. Mi papá ya tenía problemas de presión y del corazón... le dio un infarto y falleció. Y mi mamá... ella perdió la razón, todos los días sale a buscar a su hija —relató Lucía con una tristeza devastadora.

El zumbido en la cabeza de Vanesa fue ensordecedor. Su cerebro era incapaz de procesar toda esa tragedia.

De repente, Lucía agarró las manos de Vanesa con desesperación.

—Señorita Arias, usted sabe quién hizo esto, ¿verdad? ¡Dígamelo, por favor! —le suplicó Lucía, rota de dolor.

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