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EL HOMBRE POR EL QUE LO DEJÉ TODO NUNCA ME AMÓ romance Capítulo 523

Era una respuesta cortés, pero claramente evasiva.

—Eso es cierto —asintió Fabio, dándole la razón—. Sin embargo, las mujeres excepcionales que conozco suelen disfrutar de ser el centro de atención. Después de todo, los prejuicios sociales aún obligan a las mujeres a demostrar su valía a gritos.

Vanesa fue igual de directa: —Tal vez soy el tipo de persona a la que no le entusiasma codearse con la gente. Creo en que el trabajo técnico lo deben hacer los expertos; mi labor es simplemente tomar las decisiones correctas.

—Tiene un punto —concedió él.

La conversación fluía superficial y ligera, casi sin peso real.

Ni siquiera rozaron el tema de su futura colaboración empresarial.

Esa danza de cortesías terminó cuando el mesero trajo los platillos.

Vanesa bajó la mirada y se dispuso a comer en silencio, aunque no pudo evitar echarle un vistazo disimulado a Fabio.

Lo que vio la dejó atónita.

En los recuerdos de Vanesa, Fabio jamás tocaba nada que llevara ni una pizca de chile.

Pero ahora, el hombre frente a ella comía aquellos platillos picantes con parsimonia.

Y lo hacía sin cambiar de expresión.

Vanesa se dio cuenta de que no estaba fingiendo; de verdad lo estaba comiendo con gusto.

—Señor Serrano, ¿qué tal le parece la comida? —preguntó Vanesa, levantando la vista para ponerlo a prueba.

Fabio sonrió levemente: —Tiene muy buen sabor.

Vanesa no movió ni un músculo: —Así es. El chef de este lugar ha ganado premios por su sazón, y las láminas de cerdo al ajo son la especialidad de la casa. En realidad, estos platillos no solo son picantes, el secreto está en sus especias y su aroma que reconfortan el estómago.

Fabio asintió con un sonido gutural, dándole la razón a su explicación.

Y continuó comiendo en total silencio.

Su tranquilidad resultó tan desconcertante que, de pronto, Vanesa se sintió fuera de lugar.

La atmósfera en el reservado se tornó incómoda.

Como anfitriona, Vanesa no podía permitir que la cena fuera un velorio.

Así que rompió el hielo de nuevo: —Tengo entendido que es usted de Jalapa, señor Serrano, y allá la comida suele ser más suave. Creí que no toleraba el picante.

Fabio enarcó una ceja y la miró fijamente, con una intensidad insondable: —A mi esposa le gusta.

Esa frase cayó como un balde de agua fría.

Por puro instinto, Vanesa conectó la palabra "esposa" con Giselle Rivas.

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