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EL HOMBRE POR EL QUE LO DEJÉ TODO NUNCA ME AMÓ romance Capítulo 74

La situación se mantuvo así hasta que el médico entró a revisar el estado de Vanesa.

Al ver a Fabio, se puso algo nervioso, temiendo que la pareja volviera a discutir.

Sorprendentemente, antes de que el médico pudiera decir algo, Fabio se levantó y preguntó con calma por ella.

—¿Cómo está mi esposa? —su tono era sobrio, pero con un ligero matiz de preocupación.

Vanesa lo notó.

Se quedó muy callada.

Había pasado demasiado tiempo desde la última vez que Fabio se había preocupado por ella.

Solo escuchaba la conversación entre él y el doctor.

—Señor Serrano, la señora se encuentra estable, y el bebé está a salvo. No hay de qué preocuparse —explicó el médico con cautela.

—Quiero que hagan todo lo posible. No permitiré que le pase nada malo ni a mi esposa ni a mi hijo —ordenó Fabio, enfatizando cada sílaba.

—Descuide —asintió el doctor.

Vanesa observó toda la escena.

Cada palabra de Fabio giraba en torno a ella.

Sabía que ese cambio repentino de actitud debía tener un motivo oculto.

Pero, por un instante, prefirió no escarbar en ello.

Aun sabiendo que se estaba engañando a sí misma, de verdad no quería pelear más.

Al menos por el bien del bebé.

Vanesa se inventó esa excusa para sentirse en paz.

Su tensión previa se esfumó, algo que Fabio no pasó por alto.

Cuando el doctor se fue, él volvió a su lado.

Vanesa ya no se apartó como antes, y él aprovechó para sentarse al borde de la cama.

Justo antes de fallecer, el abuelo le había agarrado la mano con pesar:

—Mi querida Vane, mi mayor remordimiento es no haberte visto ser madre. Sé que tendrás unos hijos preciosos. Cuando nazca, tráelo a visitar mi tumba, quiero conocer a mi bisnieto.

Esas fueron sus últimas palabras.

Ni siquiera se despidió de la familia Serrano.

Por eso, al mencionar al abuelo, Fabio la acorraló emocionalmente; Vanesa no tuvo forma de negarse.

Fabio estudió sus facciones y notó enseguida que su expresión se dulcificaba.

Sabía que había tocado la fibra sensible correcta.

Le sostuvo la mano de nuevo, con un tono aún más tierno.

—Si mi madre siempre ha sido dura contigo, es solo porque no le habías dado nietos. Ahora que estás embarazada, no tendrá razones para tratarte mal —añadió.

Vanesa no supo qué responder.

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