La situación se mantuvo así hasta que el médico entró a revisar el estado de Vanesa.
Al ver a Fabio, se puso algo nervioso, temiendo que la pareja volviera a discutir.
Sorprendentemente, antes de que el médico pudiera decir algo, Fabio se levantó y preguntó con calma por ella.
—¿Cómo está mi esposa? —su tono era sobrio, pero con un ligero matiz de preocupación.
Vanesa lo notó.
Se quedó muy callada.
Había pasado demasiado tiempo desde la última vez que Fabio se había preocupado por ella.
Solo escuchaba la conversación entre él y el doctor.
—Señor Serrano, la señora se encuentra estable, y el bebé está a salvo. No hay de qué preocuparse —explicó el médico con cautela.
—Quiero que hagan todo lo posible. No permitiré que le pase nada malo ni a mi esposa ni a mi hijo —ordenó Fabio, enfatizando cada sílaba.
—Descuide —asintió el doctor.
Vanesa observó toda la escena.
Cada palabra de Fabio giraba en torno a ella.
Sabía que ese cambio repentino de actitud debía tener un motivo oculto.
Pero, por un instante, prefirió no escarbar en ello.
Aun sabiendo que se estaba engañando a sí misma, de verdad no quería pelear más.
Al menos por el bien del bebé.
Vanesa se inventó esa excusa para sentirse en paz.
Su tensión previa se esfumó, algo que Fabio no pasó por alto.
Cuando el doctor se fue, él volvió a su lado.
Vanesa ya no se apartó como antes, y él aprovechó para sentarse al borde de la cama.


VERIFYCAPTCHA_LABEL
Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: EL HOMBRE POR EL QUE LO DEJÉ TODO NUNCA ME AMÓ