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El Marido que no supo perder romance Capítulo 100

—Me quedaré a tu lado.

Esa fue su única respuesta. Él evadió todas las preguntas.

La mirada de Catalina se llenó de resentimiento; abrió la boca para protestar, pero al final se tragó las palabras y no siguió presionando.

Thiago, apoyado en el hombro de su papá, murmuró bajito:

—Papi... sho quelía jugad con Vale...

Rosendo bajó la mirada, sin soltar una sola palabra, obligando a su mente a volver al presente.

La fila avanzó un poco, y él simplemente dio un paso al frente.

***

Al bajarse de la montaña rusa, las piernas de Valentina parecían gelatina. Se le colgó del cuello a Nerón y no hubo poder humano que la hiciera soltarse.

—Tío Nedón... Vale no gúchile la montaña lusa nunca más...

Nerón le daba palmaditas en la espalda, arrullándola con una mirada llena de cariño.

Gretel sacó una botella de agua, le quitó la tapa y le dio un par de tragos a la pequeña.

Cuando la niña sintió que el alma le volvía al cuerpo, empezó a curiosear a su alrededor, y sus ojos no tardaron en clavarse en el brillante carrusel de caballitos...

El parque se iba llenando a reventar. Por todas partes había niños corriendo con globos de helio y nubes de algodón de azúcar, padres con caras de cansancio pero felices, y una mezcla caótica de música festiva, gritos ahogados y carcajadas.

Gretel estaba limpiándole las manos a Valentina con una sonrisa dulce, cuando de pronto, un grito histérico desgarró el ambiente.

—¡Auxilio! ¡Por Dios, que alguien ayude a mi niña!

Inmediatamente después de los gritos desesperados de la mujer, los altavoces del parque activaron la alarma de evacuación de emergencia.

El pánico estalló. La multitud comenzó a correr despavorida en todas direcciones.

Gretel y Nerón levantaron la vista hacia la fuente central.

Capítulo 100 1

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