—Me quedaré a tu lado.
Esa fue su única respuesta. Él evadió todas las preguntas.
La mirada de Catalina se llenó de resentimiento; abrió la boca para protestar, pero al final se tragó las palabras y no siguió presionando.
Thiago, apoyado en el hombro de su papá, murmuró bajito:
—Papi... sho quelía jugad con Vale...
Rosendo bajó la mirada, sin soltar una sola palabra, obligando a su mente a volver al presente.
La fila avanzó un poco, y él simplemente dio un paso al frente.
***
Al bajarse de la montaña rusa, las piernas de Valentina parecían gelatina. Se le colgó del cuello a Nerón y no hubo poder humano que la hiciera soltarse.
—Tío Nedón... Vale no gúchile la montaña lusa nunca más...
Nerón le daba palmaditas en la espalda, arrullándola con una mirada llena de cariño.
Gretel sacó una botella de agua, le quitó la tapa y le dio un par de tragos a la pequeña.
Cuando la niña sintió que el alma le volvía al cuerpo, empezó a curiosear a su alrededor, y sus ojos no tardaron en clavarse en el brillante carrusel de caballitos...
El parque se iba llenando a reventar. Por todas partes había niños corriendo con globos de helio y nubes de algodón de azúcar, padres con caras de cansancio pero felices, y una mezcla caótica de música festiva, gritos ahogados y carcajadas.
Gretel estaba limpiándole las manos a Valentina con una sonrisa dulce, cuando de pronto, un grito histérico desgarró el ambiente.
—¡Auxilio! ¡Por Dios, que alguien ayude a mi niña!
Inmediatamente después de los gritos desesperados de la mujer, los altavoces del parque activaron la alarma de evacuación de emergencia.
El pánico estalló. La multitud comenzó a correr despavorida en todas direcciones.
Gretel y Nerón levantaron la vista hacia la fuente central.
Nerón captó la situación en una fracción de segundo. Frunció el ceño y agarró a Gretel de la muñeca con fuerza.
—¿A dónde vas?
—Soy psicóloga —dijo Gretel, mirándolo a los ojos. Su voz era firme, pero hablaba a toda prisa—. Ese hombre está sufriendo un brote psicótico. En cualquier segundo va a matar a esa niña.
No necesitó dar más explicaciones. Con esas palabras estaba sellando su deber.
Nerón apretó aún más el agarre en su muñeca.
Miró a Valentina, que estaba llorando asustada contra su pecho, y luego miró la determinación en los ojos de Gretel.
Tras unos segundos de silencio abrumador, la soltó. Empujó suavemente la carita de Valentina contra el hueco de su cuello para taparle la vista por completo.
—Aquí te espero. Ten mucho cuidado, por favor.
Gretel asintió una sola vez, dio media vuelta y salió corriendo a toda velocidad hacia la fuente.

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