Vale se quedó extrañada.
—¿Se cortó la llamada? ¿Tío Sendo? ¿Sigues ahí?
—Sí, aquí estoy —respondió él, apretando los puños. Su voz sonó más grave—. ¿Quién te dijo eso?
—Mi abuela. Me dijo que mami fue a una cita hoy, y que si todo sale bien, ese señor será su novio —arrugó su naricita de nuevo—. Tío Sendo, ¿qué significa novio?
Del otro lado de la línea, solo hubo silencio.
—¿Tío Sendo...?
—Vale. La próxima vez que tu mami tenga una cita, llámame y te explicaré exactamente qué es un novio.
Dicho esto, y con la mirada ensombrecida, Rosendo cortó la llamada.
La pequeña miró la pantalla apagada he hizo un puchero.
—Ni siquiera me contestó...
***
Tres días después.
Camilo invitó a Gretel a comer a un exclusivo restaurante japonés en el centro de la ciudad.
Gretel vestía un elegante vestido azul marino ajustado a la cintura y llevaba el cabello recogido en una coleta alta, luciendo sofisticada y fresca.
Cuando ella llegó, Camilo ya la esperaba y se puso de pie para acercarle la silla como todo un caballero.
La puntualidad era un gran punto a su favor.
—Señorita Mendoza, como no conozco bien sus gustos, preferí esperar para pedir —dijo Camilo pasándole el menú, mientras le hacía una seña al mesero.
Gretel se sentó, tomó el menú con naturalidad y estaba a punto de elegir cuando, por el rabillo del ojo, captó una silueta conocida.
Un hombre alto y de porte elegante, vestido con un abrigo de lana gris oscuro y una bufanda azul marino al cuello, caminaba hacia ellos con una mano en el bolsillo.
Pero lo que realmente llamó su atención fue la pequeña de dos coletas que venía tomada de su otra mano.
Gretel se quedó paralizada. Eran Rosendo y Vale.
Apenas la niña la vio, soltó la mano gigante del hombre y corrió con sus piernitas a toda velocidad.
—¡Mami!
Camilo parpadeó, desconcertado. Miró a Gretel, luego a la pequeña y, finalmente, al hombre que las seguía.
El recién llegado tenía facciones afiladas y una expresión tan fría que desprendía una abrumadora aura de poder.

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