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El Marido que no supo perder romance Capítulo 105

Sábado por la tarde.

Para asegurarse de que la cita saliera perfecta, Eulalia llegó temprano al departamento de Gretel.

Solo cuando tomó a Vale de la mano y vio a Gretel lista, luciendo un elegante vestido gris humo y un maquillaje sutil, Eulalia se marchó tranquila con la niña.

El candidato se llamaba Camilo Estrada. Llevaba unos anteojos de marco metálico, medía poco más de un metro ochenta y vestía un traje casual beige.

Cuando Gretel llegó, él ya estaba sentado en silencio, con un aire sumamente educado y sereno.

Al sentarse, ambos se observaron discretamente y procedieron con las presentaciones.

Tal como ella había intuido, Camilo era un hombre de modales impecables. No hablaba demasiado, pero cuando lo hacía, se expresaba con mucha naturalidad, lo que le dio una buena primera impresión.

Resultó ser un hombre directo. Al ver que Gretel le agradaba, fue al grano.

—Señorita Mendoza, no se me da bien ir con rodeos. Me ha causado una excelente primera impresión. Si usted está de acuerdo, podríamos intentar conocernos. Probablemente ya sabe un poco sobre mí, pero le diré lo que quizás no le hayan contado.

Gretel sostuvo su taza de té, escuchándolo con paciencia.

—Mi trabajo es muy demandante y a menudo tengo cirugías de emergencia, así que es probable que no pueda pasar tanto tiempo con usted como me gustaría.

—Señor Estrada —Ella dejó la taza sobre la mesa con una sonrisa cortés pero distante—. Me parece bien. Creo que podemos intentar conocernos.

A Camilo se le iluminó la mirada. Se acomodó los anteojos y comenzó a sacar temas de conversación con amabilidad.

Lo que siguió fue una velada mucho más amena y tranquila de lo que Gretel había imaginado.

Cenaron durante casi hora y media, charlando sobre sus rutinas y costumbres. Camilo incluso le mencionó sus planes a futuro.

Durante toda la cita, Gretel habló poco, pero la forma en que lo miraba demostraba que no sentía rechazo hacia él.

Tenía que admitirlo: Camilo era un buen hombre. Esta vez, su madre había tenido buen ojo.

***

Por otro lado, Eulalia subió al auto con Vale. Apenas se acomodaron en los asientos, la pequeña levantó la vista hacia ella con sus enormes ojos curiosos.

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